El hombre lobo de Galicia

Manuel Blanco RomasantaRomasanta y la licantropía clínica.


Hasta la muerte de su esposa -la única en la que parece que no tuvo nada que ver- Manuel Blanco Romasanta llevó una vida aparentemente normal. Nacido en la aldea gallega de Regueiro en 1809 y registrado en un principio con el nombre de Manuela -hecho que ha suscitado numerosas sospechas acerca de un posible hermafroditismo-, Romasanta fue un buhonero que se buscaba la vida comprando y vendiendo su mercancía de pueblo en pueblo.

No era un hombre especialmente apuesto. Según las descripciones físicas que se conservan de él, apenas medía 1,40 metros, era más bien calvo y tenía un rostro poco agraciado. Sin embargo, era una persona carismática, capaz de ganarse la confianza de los aldeanos, y llegó a ser muy conocido en el norte de la Península.

Romasanta tenía ‘don de gentes’. Tanto es así que hasta las jóvenes solteras confiaban en él y en su fama de ayudar a la gente a conseguir empleos como amas de llave en buenos hogares. Sin embargo, las muchachas que viajaban con Romasanta en busca de futuro, terminaban desapareciendo. Al principio, nadie parecía extrañarse: las jóvenes habían iniciado una nueva vida y parecía complicado contactar con ellas. Pero en uno de los pueblos, una mujer reconoció el traje de una de las desaparecidas. Lo llevaba puesto otra joven que aseguraba que se lo había comprado a Romasanta.

La denunciad de este hecho, ligado a otras cuestiones un tanto turbias en torno a los productos que comercializaba el buhonero -se dice que tenía un ungüento hecho de grasa humana-, propició la detención de Romasanta, que por entonces se ocultaba en un pueblo de Toledo donde había empezado a ejercer de segador.

El detenido aseguraba ser víctima de un maleficio que desde pequeño le hacía convertirse en lobo, atacar a seres humanos y devorarlos, hecho por el que el juicio está documentado como la ‘Causa contra el hombre lobo de Allariz’, la única de estas características en la historia de España. Según el argumento de Romasanta, a causa del sortilegio de una bruja, en las noches de luna llena su cuerpo sufría una transformación y el instinto animal lo arrastraba hasta el bosque donde tras atacar a sus víctimas y matarlas a sangre fría, terminaba devorando sus cuerpos. Además, el acusado aseguraba que en su primera transformación había estado acompañado de otros dos lobos que, tras tres días vagando con él por el bosque, también retornaron a su forma humana.

A medida que avanzaba el proceso, el reo modificó ligeramente su versión de los hechos asegurando que no padecía un maleficio, sino una enfermedad. Además, confesó un total de once crímenes y aseguró haber sido consciente de todo lo que sucedía. También llegó a decir que el supuesto maleficio que le afectaba solo duraba trece años y que, precisamente una semana antes de prestar declaración, el plazo había concluido, por lo que no volvería a transformarse.

Fue condenado a pena de muerte -aunque solo por nueve de los once crímenes confesados-, pero la intervención de un hipnólogo francés que quería estudiar su caso hizo que Isabel II intercediera ante el Tribunal Supremo y la pena fuera conmutada por cadena perpetua, “en aras de la ciencia”.

Murió en Ceuta el 14 de diciembre de 1863. Todavía en la actualidad son muchos los investigadores que estudian su caso.

 

 

 

 

 

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