El funeral

José Manuel Adán

Hace unos días falleció mi padre con 97 años. A pesar de ser una muerte anunciada, se va un padre, uno de los pilares de la familia y me pareció que una pared se me había caído encima. Como hermano mayor tuve que hacer frente a situaciones a las que no se está habitualmente acostumbrado.

Después de ver como el médico que certificó la hora de fallecimiento lo hace casi una hora más tarde, me vino a ver enseguida el representante de la funeraria A que es al que llaman los del hospital donde mi padre había fallecido ofreciéndome unos servicios funerarios y un precio que consideré razonable. Como mi padre había pasado más de un año en una residencia para ancianos privada, y solo había salido de ella para estar en el hospital cuatro días se pensó velarle en el tanatorio de la residencia. La residencia ponía como condición que entonces se contratara los servicios funerarios con la funeraria B, bastante más cara que la A pero que dejaba una comisión en la residencia. Nunca había oído a mi padre que prefería la incineración al enterramiento y yo partidario del enterramiento acepté la opinión mayoritaria de mis hermanos, ya que ellos tampoco habían oído tal preferencia, pero sí la de que “le daba igual”. Una vez decidida la incineración y los servicios con la funeraria B, el representante nos muestra un catálogo de ataúdes ecológicos, ya que así es obligatorio para la incineración. Elegido el ataúd nos pregunta si iríamos a la ceremonia previa a la cremación, ya se sabe, unas cortinas, una música y un ataúd que se desliza. Intenta quitarnos la idea ya que ellos tienen unos crematorios fuera de la capital y como esa ceremonia dura muy poco habría que suprimirla, ellos se llevarían al fallecido a un crematorio no se sabe dónde y al día siguiente nos darían las cenizas en la puerta principal del cementerio donde reposarían las cenizas de mi padre. Ese proceso abarataría la factura. Se sigue la recomendación del representante. Al conocer lo sucedido algunos de los asistentes al funeral diría posteriormente que eso lo hacen con la intención de incinerar quedándose con el ataúd.

Al día siguiente del fallecimiento se inició el recibimiento de todos los amigos de la familia que acudían a dar su pésame. Pasados los primeros momentos de tristeza y después de una misa celebrada en la residencia, la situación era cada vez menos tensa. Vi a personas que hacía muchos años que no veía recordándome entonces tal o cual acontecimiento y que gracias a ellos pude de nuevo revivir.

Cada uno de los que llegaban era un mundo. Por supuesto después de saber los hijos que tenían, los nietos, las carreras que habían estudiado o estudiaban se entraba en cuestiones de más actualidad. Así, mis cuñados estaban exultantes porque su hijo periodista él y persona de mucha valía no solo presentaba un programa en la tele sino que iba a trabajar en la radio por las mañanas además de escribir en medios de tirada nacional. La ida de un líder de la radio contratado por otra emisora por cifras astronómicas dejaba a la gente de piedra. Un primo cercano tiene tres hijos, uno estudiando una Ingeniería, otro estudiando Económicas y el tercero sin nada que estudiar me dice que se ha metido en política en las juventudes, creo que de UPyD y le van a hacer concejal de Boadilla. ¿Pero hombre, si vive en Alcorcón, como va a ir a Boadilla de Concejal?, le espeté yo. No hay problema y si lo hay le empadronan enseguida, dijo él. Hombre, pues si yo estuviera en política obligaba no solo a estar empadronado, sino a vivir en el municipio para ser cargo público del pueblo. Contesté yo. Faltaría más.

Otra de mis primas queridísimas me comentó que había perdido doscientos mil euros en las preferentes de Caja Madrid. Pero mujer, ¿no tienes al hijo de tu hermana que ha sido director en varias sucursales de ese banco?, le contesté yo. Sí, pero mira fue gracias a él que entré en esas inversiones; no sé si recuperaré algo, Dios lo quiera. Por cierto ¿has visto a mi hija? Allá que fui entonces a saludar a mi sobrina que estaba entusiasmando a un corrillo por las miniaturas que hacía. Compraba en Alemania lámparas y muebles en miniatura y después las acoplaba a casas que ella misma hacía. Mira primo, te voy a enseñar las fotos en el móvil. Oye, ¿pero esto lo has hecho tú? Respondí yo incrédulo. Es una maravilla. Pero ¿te dedicas a esto o es un hobby? No hombre esto es un hobby, ojalá pudiera vivir de esto.

Por fin vi a uno de las más antiguas amistades ¿A que ya no me reconoces? Por supuesto que sí y a tu mujer que es una belleza. Resulta que ahora son padres de una de las mujeres más bellas que actúan en nuestra televisión. Pero ¿tu hija es modelo o es artista de tele? No, es artista de tele. Acaba de llegar de México. Ocurre que también trabaja en publicidad, me dijo.

Una antigua cuidadora de mi padre que dejó de serlo cuando entró en la residencia envió a una amiga al no haber podido asistir ella , que también había conocido a mi padre con objeto de poder hacer una fotografía a Don José, ya que le había cogido mucho cariño. Amablemente le dije que el féretro estaba ya cerrado y que aunque estuviera abierto no es costumbre como al parecer en su tierra Perú, fotografiar a los fallecidos.

Los móviles sonaban y mi padre, el hombre tranquilo, pensaría, cuanto me va a costar descansar.

Poco a poco, nos fuimos quedando los imprescindibles y el ruido se fue apagando totalmente. Creo que entonces mi padre sonrió.

Al día siguiente, cuando ya todo había pasado, salí a correr bajo la lluvia. El correr me aporta una higiene mental y física que agradezco. Cuando terminé, me puse a escribir. Creo que mi padre seguía sonriendo.

 

 

Dedicado a mi padre

 

José Manuel Adán

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.