El español, esa lengua que crece a pesar de los complejos

José Manuel Adán

El Rey acaba de ir a algunos países del golfo pérsico y sus discursos sorprendentemente solo los expresa en inglés. No imagino que la Reina de Inglaterra viajara, por ejemplo a Honduras y su discurso lo hiciera en español. Ese error pertinaz del Jefe del Estado nace, en mi opinión, de un complejo casi permanente, sobre la incapacidad de los españoles en el aprendizaje de lenguas foráneas en especial el inglés.

Las lenguas oficiales de Naciones Unidas son: el inglés, el francés, el chino, el árabe, el ruso y el español. Nadie en Naciones Unidas se refiere a la lengua oficial de toda España, el español, como el castellano. En España, en contra de la autorizadísima voz de Don Camilo José Cela, se impuso en la Constitución por la presión nacionalista una vez más, la denominación antigua del “castellano” en lugar del español como se conoce en el resto del mundo y en las Constituciones de los países en los que esta lengua es oficial. Así, las que son un patrimonio cultural de la Humanidad, las seis lenguas de la ONU, deben ser preservadas por todos y cada uno de los habitantes de los países en que el idioma es oficial, lo que no impide preservar el resto de lenguas aunque no en igual medida. Sería absurdo un Instituto Cervantes en todo el mundo para la expansión del swahili, lengua bella pero hablada solamente por diez millones de personas, como lengua materna y cincuenta millones como segunda lengua.

El Rey de España debe expresarse en todos los discursos oficiales en español, en cualquier parte del mundo en que se encuentre y después, a la hora de una mayor intimidad, por ejemplo en los negocios o en actos privados, puede expresarse en el idioma que prefiera en relación con los intereses que le lleve. Esta exigencia debe ser ampliada al Presidente del Gobierno.

Este gran complejo, lo he observado con diferentes diplomáticos, cuando por ejemplo en las conversaciones que llegarían a fructificar en el Tratado de Schengen, la presidencia española, en ese tiempo liderada por un diplomático español, a pesar de que el español era lengua oficial, se dirigía a los miembros en francés, lo que me llevó a una severa discusión con él. En los tiempos en que he podido dirigir grupos de trabajo en diferentes organismos internacionales, si no había intérpretes me dirigía en las lenguas de trabajo habituales (inglés o francés), pero si existía el intérprete, era el español, mi lengua maravillosa la que me facilitaba la tarea.

En Francia se toma muy en serio la cuestión de la lengua en organismos internacionales y más de una vez he asistido a reuniones que han debido ser interrumpidas por ausencia de intérprete en francés. Los diplomáticos franceses y los funcionarios de los distintos ministerios, que también tienen las dificultades de los españoles con el inglés, se expresan solamente en francés porque así se lo exigen en su respectivo ministerio. De la misma forma, en España a todos los diplomáticos, Técnicos comerciales del Estado o funcionarios que representen a sus respectivos ministerios en organismos internacionales se les debe exigir su expresión en español siempre que así esté establecido en dichas reuniones la presencia de intérpretes. Lo que no es óbice para que estos funcionarios conozcan otras lenguas en las que, con seguridad, conseguirán acuerdos sobre los distintos puntos de la reuniones y en esos casos habrán de expresarse en la lengua más común de los distintos interlocutores.

Sabido que el español ya lo hablan más estadounidenses que españoles y que cerca de 450 millones de seres lo hablan en el mundo. En España se ponen trabas al español pero se dan facilidades a otros idiomas, hay que dejar el complejo de inferioridad de la lengua a un lado. Los británicos que llegan a España y se asientan en cualquier lugar de la costa mediterránea, después de muchos años no saben una sola palabra de español (perdón, quizás una), pero porque tienen colegios en inglés, pubs, cervecerías con dependientes que solo hablan inglés, Agencias inmobiliarias inglesas, es decir todo un mundo en inglés, ¿por qué se van a molestar en aprender otro idioma con el esfuerzo tan grande que sería necesario realizar?, de esta manera son ,en general, los menos cultos de los foráneos que nos visitan o invaden, desde el punto de vista lingüístico.

Los políticos españoles deben saber otros idiomas, pero de la misma manera que los políticos extranjeros deben hablar también en español. Es decir, los discursos formales, en la UE, La OCDE, la ONU o la OTAN deben hablarse en español, después a la hora de los cafés y en las comidas donde tanto se resuelve, se deben conocer otros idiomas.

El anterior Presidente del Gobierno, Sr. Zapatero, en Francia tuvo la ocurrencia, como casi todas las suyas, de expresarse en francés en el Parlamento de esa nación creyendo que así halagaba el ego francés. No es necesario hacer ningún ridículo. Si se hubiera expresado en español, intérprete incluida, y después a la hora del café lo hiciera en francés, el mundo entero le estaría muy agradecido. Pero es que incluso, aun cuando se hable a la perfección el idioma foráneo, es una cuestión del activo cultural que se representa en cada momento.

Dejémonos de “relaxing cup”, y evitemos el maltrato dado en España a nuestro idioma, único país del mundo donde a pesar de ser el idioma oficial de todo el territorio, existe una parte del mismo en que, gracias a la irresponsabilidad de los políticos que nos gobiernan y a la de los jueces y fiscales que no cumplen con su obligación, existen varias regiones en los que no es posible educar a los niños en su lengua materna, privándoles de un futuro laboral mejor y de un derecho ineludible, y pensemos que el idioma español en el mundo sigue creciendo, a pesar de los españoles.

 

José Manuel Adán

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.