El día después de después

Píldoras
Los conflictos morales sólo se resuelven mediante píldoras en las películas de ficción. Pero esto no es Matrix, ni vamos a salvar el mundo, ni estamos a la altura de lo que las circunstancias nos exigen. La realidad es una ecuación compleja, y por más que se empeñen en que seamos de X o de Y, al final resulta que siempre compartimos la misma naturaleza de todas las incógnitas. Si los razonamientos –tanto a favor como en contra- se vuelven demasiado simplistas, seguiremos sin despejar la duda. Que la píldora del día después se distribuya libremente en las farmacias no es tanto el problema como saber qué pasará el día después de después.

“La píldora del día después ya se puede comprar en cualquier farmacia española sin receta médica y sin límite de edad”. Es el titular que ha ocupado los medios durante los últimos días. Un nuevo avance en la política socialista –que no social- de nuestro gobierno. Mientras seguimos a la cola de Europa en la salida de la crisis, la noticia es una balsa de aceite en mitad de nuestra problemática realidad. Sin embargo, estas medidas me suenan más a una forma de justificar el socialismo que a una verdadera iniciativa de progreso y mejora. Es como si nuestro país se vendiera al juego del aparentar para estar a la altura, para ser modernos, para que en el recreo los demás compañeros no se rían de nosotros. Y llegan las comparaciones: “La venta de la pastilla equipara a España con la quincena de países europeos donde este compuesto hormonal es de libre disposición”.

 

Así que, o aceptas esas iniciativas -aunque no te convenza el sistema- o inmediatamente te has pasado al lado oscuro y dejas de ser progre para convertirte en un facha de ideas manidas. Esta tendencia tan humana de ordenar las ideas en dicotomías simplistas del tipo blanco – negro son las que nos condenan a aquellos que no tenemos color porque preferimos pensar en cuál es la esencia de ciertas decisiones en lugar de a qué o a quién pertenecen.

 

La píldora del día después no es un anticonceptivo de tipo común. Es una bomba hormonal que, como tal, reacciona en el organismo. Un “método de emergencia” para detener un posible embarazo no deseado, producto de un fallo en el uso de otros métodos anticonceptivos, que no del calentón y delPreservativo “aquí te pillo, aquí te mato”. La controversia se produce en el momento en el que este argumento resulta insuficiente para justificar su uso “responsable”. ¿Acaso no somos libres de elegir lo que queremos tomar y lo que no? ¿No es el “uso responsable” una forma de limitar nuestra libertad de decisión? Esta contra-argumentación, llevada al extremo, resulta igualmente carente de sentido.
El hecho de liberalizar la venta de la píldora del día después no va a suponer un descenso en el número de embarazos no deseados sino acaso una incitación al uso incorrecto de estas facilidades en detrimento de la utilización de métodos de protección durante el coito que son mucho más efectivos, no sólo a nivel de embarazos sino en lo relacionado con enfermedades de transmisión sexual. Para una persona que es completamente consciente del desarrollo de su vida sexual –bien sea con relaciones esporádicas o bien en una relación de pareja estable- no supone ningún contratiempo acudir a una consulta médica en la que un especialista evalúa el caso, asesora al paciente y le administra la susodicha píldora. Por otro lado, hay que recordar que la gratuidad de la píldora del día después no es ninguna novedad y que desde 2005 se administraba ya en numerosos centros municipales de salud y módulos de planificación familiar de toda España.

 

Sin embargo ahora se nos presenta como la gran revolución -con ciertos tintes feministas- porque las mujeres ya pueden respirar tranquilas al haber ascendido un peldaño más en la escalada de la liberación sexual. Y no nos damos cuenta de que la libertad no es hacer lo que nos venga en gana, sino tener conciencia de qué es lo que nos viene en gana y por qué lo hacemos. Sin ese trasfondo de introspección, de responsabilidad, no para con otros sino para con nosotros mismos, liberalizar no es abrir puertas sino cerrar mentalidades. Porque siempre hay un día después del día después.

 

Vagabundo Pérez

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