El déficit y los funcionarios

HuchaLas cifras oficiales hasta el mes de Julio son verdaderamente incomprensibles hace solo un año, por lo que la tendencia para sufrir un déficit incluso superior al 10 por ciento parece ser irremediable.

La caída de ingresos en impuestos cruciales como el IRPF (-32,8 por ciento), IVA (-37,7por ciento) junto a un incremento del gasto (24,5 por ciento) producen como resultado un endeudamiento de 61.579 millones de euros 799,9 por ciento superior al mismo periodo del año anterior, que se financiará fundamentalmente con Letras del Tesoro (+251 por ciento, a doce meses o menos) y con Deuda pública a medio y largo plazo (+344,3 por ciento). Si tenemos en cuenta que los gastos del Presupuesto que más han crecido han sido las Subvenciones (Transferencias corrientes 24,5 por ciento y Trasferencias de capital 188,7por ciento), el panorama que se presenta no puede ser solucionado con más gasto público. Se barajan por lo tanto, dos alternativas complementarias: Incremento de impuestos y reducción del gasto mediante la congelación salarial de los empleados públicos. Las dos alternativas incidirán presumiblemente sobre la clase media.

Si no se modifican los impuestos relativos a las Sociedades de Inversión en Capital Variable(1 por ciento en el Impuesto sobre Sociedades y 18por ciento sobre el Capital, cuando se materialice) que es donde las grandes fortunas mantienen sus ahorros, las rentas que probablemente se modifiquen serán las de los asalariados que tributen por IRPF más de 50.000 euros anuales.

En cuanto a la congelación de la masa salarial de los empleados públicos (funcionarios públicos y contratados laborales) el asunto se presta a una gran cantidad de demagogia que habría que depurar. El aumento en términos aproximados de un millón de empleados públicos antes de la implantación del sistema autonómico a tres millones en la actualidad ejerciendo las mismas competencias no parece que sea un sistema lógico, por lo que habría que reducir el número de empleados públicos. El funcionario no ha gozado de buena fama surgida seguramente de su permanencia en el puesto de trabajo hasta su jubilación. Sin embargo cualquiera puede ser funcionario, solo tiene que elegir el cuerpo al que desea pertenecer de acuerdo con su nivel de estudios y aprobar el examen correspondiente. ¿Qué culpa tienen los funcionarios de que se hayan llenado las Administraciones de contratados laborales elegidos discrecionalmente por los dirigentes políticos?. La figura del contratado laboral se crea para suplir las profesiones que no tienen cabida en los cuerpos de la administración (fontanero, electricistas.,) pero no para contratar secretarias, abogados o economistas que tienen cabida en los cuerpos de funcionarios, sin las garantías que exige la Administración para su ingreso , así como jueces (4º turno) y magistrados de orden político(Constitucional), duplicidad de Policías (Autonómica y Nacional) o representaciones autonómicas en el exterior sin competencias para ello. Pero ese ha sido el esquema elegido: aumentar el gasto de las Administraciones hasta triplicar el número de empleados públicos, sin tener las debidas garantías de su preparación. La función pública sufre las veleidades de políticos, contratando asesores y laborales en lugar de funcionarios y de los sindicatos , por el enorme número de “liberados”, reduciendo la productividad del funcionario. Es necesario redimensionar las Administraciones reduciendo su número mediante la amortización de uno de cada tres empleados públicos que se jubilen y reduciendo la contratación laboral a profesiones que no se encuentren en cuerpos de la Administración. El empleado público debe ser tratado en el ámbito salarial de la misma forma que el empleado privado, de acuerdo con el plan estratégico de la economía dirigido por el Gobierno. Pero no debe sufrir por los errores políticos. Cuando las subvenciones (que son las partidas presupuestarias que más aumentan entre otras se dedican, por ejemplo, a los” Gays and lesbians of Zimbawue”, es lógico que el funcionario se muestre reticente a la congelación de su salario, no así en época de vacas flacas, como ahora es el caso, pero diferenciemos. Si es necesario la congelación de salarios que se haga, pero no olvidemos el sueldo de los políticos, o las subvenciones a partidos, sindicatos, patronales, empresas públicas, televisiones públicas.

Como siempre es la clase media la que sufre las consecuencias de la gestión de una política económica que no es más que improvisación.

 

José Manuel Adán Carmona

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.