‘El cuerpo’

El CuerpoNada es lo que parece.

Posiblemente no tenga mucho sentido hacer una crítica de una película empezando a hablar de otra, pero es una de esas opiniones de las que ‘si no lo digo, reviento’. En en lapso de una semana he visto dos películas que han provocado en mí una sensación completamente diferente. Y no es una cuestión de géneros sino de qué es cine y qué no.

La primera película que vi fue Holy Motors, un ‘experimento’ que casi me hace perder toda mi fe en el séptimo arte. No había visto un despropósito tan grande desde que tuve un amago de ver El árbol de la vida, esa ¿película? encumbrada por la crítica y que me pareció tan tremendamente aburrida como mirar las imágenes ‘bonitas’ del salvapantallas de mi ordenador. Con Holy Motors me pasó más o menos lo mismo, con la excepción de que solo me quedé dormida durante unos minutos y tuve la voluntad suficiente de terminar de verla para reafirmarme en mi opinión de que era, hablemos claro, un auténtico truño.

Puede ser arte, o un experimento audiovisual, o una paranoia proyectada sobre una pantalla, pero, seamos sensatos: no es cine. No es solo el soporte el que define la obra porque entonces podríamos decir que la etiqueta del champú es literatura solo porque son frases sobre papel.

Pero estamos acostumbrados a que haya películas que, a pesar de ser más cinematográficas que otros de estos experimentos solo aptos para gafapastas, hayan sido condenadas a jugar en segunda división solo por cometer el ‘pecado’ de combinar tres aspectos que parecen ser motivo de vergüenza para la crítica actual: ser comprensibles, entretenidas y comerciales.

Lo voy a decir sin tapujos: ojalá todas las películas fueran como El cuerpo. Me ahorraría muchos enfados por pagar algo imposible de digerir. Lo malo del cine es que una vez terminas tu consumición no puedes reclamar en taquilla que el producto no te ha gustado.

Oriol Paulo no me va a cambiar la vida con esta película -opera prima- cuyo argumento probablemente olvide dentro de unos meses, aunque me quede siempre el recuerdo de “ah sí, la vi en el cine y me gustó”. No todas las películas tienen que trastocarnos ni llegar a lo más profundo de nuestro subconsciente para hacer que nos replanteemos todos los enigmas del Universo y los secretos de la existencia. El cine sería terriblemente aburrido si solo hubiera películas ‘para pensar’ y los directores se olvidaran de que, en la mayoría de los casos, la principal necesidad del espectador es, ante todo, que le cuenten una historia. El cuerpo tiene historia, una muy bien articulada que va modulando la tensión de la trama con gran destreza. El cuerpo de una millonaria -Belén Rueda- desaparece de la depósito de cadáveres antes de que se le practique la autopsia. Su marido -Hugo Silva- es el principal sospechoso, pero poco a poco se descubre que tal vez sea la víctima de una ‘broma’ un tanto particular. Será un atormentado inspector de policía -José Coronado- el que tenga que llegar al fondo del asunto. Es una película muy ‘de manual’ con golpes de efecto estratégicamente colocados para que no decaiga la atención del espectador.

Los personajes tal vez sean un poco arquetípicos, pero me recuerdan a los de las novelas de Agatha Christie: no evolucionan demasiado en el conjunto de la trama porque lo que interesa no es el cambio que sufren sino saber quiénes son realmente. Hay algo de inquietante en todos ellos y eso hace que nos mantengamos alerta durante toda la película. Y, lo mejor de todo, nos preparan para tantos finales que es posible que suceda cualquier cosa… incluso aquello para lo que no estábamos tan preparados.

Seguramente si nos paráramos a pensar en los detalles de la trama encontraríamos algún que otro agujero, pero a primera vista está todo tan bien encajado que podemos asumir el desenlace como verosímil sin la sensación de que nos estén tomando el pelo. Si lo que buscas es una profunda reflexión sobre la vida, esta no es para nada tu película. Pero si quieres es pasar un buen rato en el cine con una cinta que se ajusta perfectamente a lo que cabe esperar de ella, aquí tienes una película que cumple con lo prometido.

 

Celina Ranz Santana

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