El control del gasto público no interesa

Gasto públicoEn la situación actual en la que todavía pertenecemos al selecto club de la Unión Monetaria y por lo tanto hemos de cumplir los requisitos de pertenencia, entre ellos el de tener un déficit inferior al 3% del PIB, y se ha de realizar un esfuerzo tremendo desde el 11,4% del PIB al fin del 2009 para poder situarnos antes de 2013 en la cifra exigida en los postulados de Maastricht, determinados cuerpos de la Administración del Estado han de ayudar a los políticos para reducir, eliminar o modificar el gasto público.

El control del gasto público, por lo general, siempre le interesa a la oposición, para poder recriminar al Gobierno de turno como, quien, cuanto y por qué gasta. Sin embargo llegada la oposición al poder en la lógica e higiénica alternancia, las preocupaciones que antes existían desaparecen rápidamente.

Así, estando escrito en leyes, decretos y todo tipo de disposiciones legales, que debe existir un control del gasto público en el exterior y realizado por la Intervención General del Estado, hasta ahora no existe y en la época actual  “ni está ni se le espera”.

Ahora toca a los funcionarios de la IGAE, a los que la incómoda tarea de realizar auditorías y otros menesteres no place a las autoridades que nos guían. La oferta de empleo público aprobada mediante R. Decreto de 31 de Marzo considera que no debe haber plazas para tan importante órgano de control ni en su rama superior (Interventores y Auditores), ni en la media (Técnicos de Auditoria y Contabilidad), todo ello con el loable propósito de reducir gastos de personal, ya que sabemos que estos gastos son perniciosos “per se”, tanto o más que los gastos corrientes en bienes y servicios ya que solo se santifican los gastos en inversiones (como no podía ser de otra manera) y las Subvenciones, gran maná para la travesía del desierto y al que todos, egipcios y judíos reclaman sin cesar.

Para cubrir esta reducción del gasto en personal y venerar los créditos del capítulo 6 (inversiones), se realiza una operación simple: gran parte de las auditorias las realizarán auditores privados, que ya sabemos cual es su grado de excelencia ¿Sencillo verdad? De un plumazo (o dos) reducimos gastos de personal, incrementamos los gastos de inversión (más de 2 millones de euros) con los que se paga al personal que realiza las auditorias externas a la IGAE, y nos libramos de incrementar funcionarios de esos cuerpos cuya competencia es el control de gasto público. Así se puede decir sin temor a equívocos que se ha aumentado la  I + d + i. ¿Cómo no habíamos caído antes en ello?

Así hasta que de nuevo, por la lógica alternancia el poder pase a la oposición y reclamen, entonces, la necesidad imperiosa del control del gasto público. Fin de ciclo.

 

 

José Manuel Adán Carmona

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

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