El Círculo

El Círculo

El Círculo

La pérdida de intimidad es también la pérdida de identidad

Si no buscas una película con grandes pretensiones en el ámbito de la Ciencia, de la Filosofía o de la Sociología, El Círculo no te defraudará. Porque la nueva propuesta de James Ponsoldt (El último tour, Aquí y ahora) no profundiza en ninguno de estos temas, pero hace un esfuerzo bastante decente por tocar algunos aspectos de todos ellos que cuanto menos te darán qué pensar.

El Círculo se presenta como una película de ciencia ficción en el que el mundo empieza a ser dominado por una especie de ojo que todo lo observa y al que voluntariamente y desde todos los rincones del mundo la Humanidad entrega su intimidad como si ésta no tuviera ningún valor.

En realidad no es algo que se aleje mucho de lo que ya está pasando sólo que Ponsoldt parece haber acelerado el reloj para mostrarnos su versión acerca de lo que podría llegar a suceder adaptando al cine lo que ya contaba en su novela el autor norteamericano Dave Eggers. Tanto Eggers como Ponsolt han creado una obra que por su temática ya estaba predestinada a convertirse en un éxito, pero a pesar de tener un trasfondo interesante El Círculo no es precisamente una obra de arte.

Lo que más atrae de ‘El Círculo’ es que ya estamos atrapados en su interior

En mayor o menor medida ya nos hemos vendido a las exigencias de ese club mundial que constituye El Círculo y todos sus productos. Un club en el que entramos a veces de manera consciente y en ocasiones sin tener en cuenta la letra pequeña de todos esos contratos que suscribimos cada vez que descargamos una aplicación en nuestro móvil o que accedemos a la información de una determinada página web.

El problema de esta película es que no deja de ser una versión un poco teenager de lo que estamos viviendo y el dilema moral que plantea la relación profesional de Emma Watson (saga Harry Potter, La bella y la bestia) con Tom Hanks (Náufrago, Capitán Phillips), responsable de la compañía para la que trabaja, se queda un poco en la superficie.

Tal vez por eso la segunda mitad de la película tiene un ritmo que ya se vuelve un poco más lento y repetitivo que al principio, en el que se presentan todas esas premisas interesantes sobre las que como espectadores esperamos obtener una reflexión más profunda. Pero El Círculo termina girando y girando sobre sí mismo hasta conducir la historia a un final abrupto, demasiado desaliñado para lo que nos veníamos esperando y desde luego bastante más predecible de lo que me hubiera gustado.

Como tema no deja de ser interesante. Como película habría muchos puntos que retocar para hacer de ella un producto atractivo más allá del público adolescente.

 

 

Celina Ranz Santana

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