‘El Castor’, reconstruirse desde los cimientos

Cartel de la película El Castor“La locura es fingir que eres feliz”, dice el protagonista en uno de los momentos de la película. Y en torno a esta revelación se desarrolla el argumento en el que sorprenden por igual la interpretación de Mel Gibson y el trasfondo psicológico de su personaje.

Un día, no sabemos cuándo ni por qué, Walter Black es incapaz de levantarse de la cama. Ocupa la mayor parte de su tiempo durmiendo para evitar comunicarse con el mundo porque en esa comunicación sólo encuentra la certeza de que ha fracasado. Nada ni nadie puede ayudarle a superar la tristeza que siente y que le impide seguir adelante. Hasta que encuentra un castor de peluche que le animará a crear un nuevo retrato de sí mismo.

El Castor es una película sobre la locura y sobre cómo sobrellevar una vida que en algún punto dejó de pertenecernos. Mel Gibson se transforma en un padre de familia desganado y en un empresario sin motivación que asegura haberse marchado para siempre sin tener la decencia de llevarse consigo su propio cuerpo. Y es este cuerpo de trapo el que un muñeco de peluche intentará rescatar para darle la identidad que nunca tuvo. Lo peligroso de esta ‘terapia’ es que Walter Black no tardará en convertirse en un muñeco de trapo al servicio del castor.

A pesar del protagonismo de Mel Gibson y de este curioso pulso interpretativo consigo mismo, es interesante la construcción coral de un argumento en el que todos los personajes están buscando el lugar que les toca ocupar en sus vidas. Mientras, el protagonista lucha por culminar su destrucción personal, convencido de que hay vidas que no están hechas para la felicidad.

Jodie Foster dirige y protagoniza esta película en la que el drama se entremezcla con momentos en los que la esperanza parece asomarse a la vida de los personajes, equilibrando una trama en la que, a medida que Walter Black se desdibuja, las ‘revelaciones’ del castor son cada vez más contundentes.

Todos intentarán vencer ese miedo a vivir en el que a veces la locura no funciona ni como causa ni como consecuencia de la infelicidad, sino como un hueco, una abertura en las pareces de la conciencia a través de la cual tal vez es posible encontrar la luz.

 

 

Celina Ranz Santana

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