El camino de las estrellas

Atardecer en el Cabo FinisterreEra una ruta iniciática que, siguiendo el mapa de la Vía Láctea, conducía hacia el fin de la la tierra -Finisterre-. Todos los peregrinos que comenzaron a llegar a Santiago a partir del siglo XI para visitar la tumba del apóstol, lo hacían siguiendo este camino, un auténtico libro de piedra que en sus orígenes finalizaba en la denominada “tumba del sol”.

Aún hoy en día son muchos los peregrinos jacobeos que no detienen su paso en Santiago de Compostela, sino que continúan El camino de las estrellas que conduce hasta cabo Finisterre, el final de la tierra conocida. Al ponerse el sol, los caminantes celebran una ceremonia que en cierto modo se asemeja a los rituales celtas en la que se quema un objeto personal como forma simbólica de purificación espiritual. Los celtas conocían este camino iniciático como “Vía de Lug” o “Ruta del arcoiris de Lug”, pues se trataba de una ruta que, siguiendo las indicaciones de la Vía Láctea, conducía hasta el lugar en el que el sol moría y con él desaparecía la tierra conocida. Si bien toda la ruta estaba repleta de símbolos -un auténtico “libro de piedra” que los peregrinos debían interpretar y que posteriormente sería retomado por los templarios como parte de las enseñanzas evangelizadoras de la peregrinación-, Finisterre destaca además por el magnetismo de sus atardeceres, en los que el caminante detiene al fin sus pasos para contemplar en infinito e iniciar con nuevas energías otro camino más allá del de la Ruta de las Estrellas: el propio camino de la vida.

 

 

 

 

 

 

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