El Camelot del Rey Arturo

Carlos Castañosa

“Disparate”: Acción imprudente o irreflexiva que puede tener muy malas consecuencias.

Disparate es la atrocidad que está cometiendo un descerebrado líder político que parece diseñar su paso por la Historia como un Simón Bolívar, libertador de algo.

Para intentarlo, asume el absurdo papel heroico de un rey ficticio, homónimo suyo, que solo existió en una fantasía de  leyenda épica. Como su mítica espada, Excalibur, apta para  conquistar el Santo Grial de un estado propio, donde siempre y solo hubo “provincia”; primero de un reino y luego de otro. Las mentiras de sus “caballeros” en la “mesa redonda”, con el mago Merlín en cabeza,  le ayudan a falsear la Historia para manipular a una opinión pública en favor de sus delirios.

Para camuflar el fracaso como gobernante en la gestión de las competencias transferidas a su autonomía, utiliza la tinta de calamar para oscurecer un paisaje desolador, a nivel económico, social, cultural y popular, del que se siente culpable. Avergonzado por su fracaso, pretende disimularlo con una maniobra disparatada que desvíe la atención de lo verdaderamente grave para una población maltratada.

Los efectos perniciosos de su artimaña ya se están insinuando: En su “camelot” particular tiene a la gente dividida en dos. Los adocenados en rebaño por un discurso  radical, falaz y sesgado; y la otra mitad que no traga el adoctrinamiento por ser víctimas, en primera persona de plural, de su ineptitud y mediocridad.

Siempre es pernicioso el enfrentamiento entre dos bandos afines, pero la consecuencia  colateral más reseñable aquí, sería la animadversión exterior, generalizada, hacia ambos lados sin distinción. Las personas conocidas desde fuera,  de una en una, casi siempre son motivo de respeto, afecto y amabilidad correspondida; en este caso, hasta de admiración hacia el pueblo catalán, ejemplar por sus incuestionables  virtudes. Pero si se impone el fundamentalismo en grupos debidamente aborregados, es inevitable el rechazo, la confrontación y menosprecio mutuos, de difícil tratamiento posterior.

También despropósito es la pasividad de las autoridades que, en un Estado de Derecho, permiten un desafuero flagrante y presunto delito por amenazas de sedición y propuesta de secesión, por parte del iluminado de turno que, en lugar de ver cortado en seco el agravio a la dignidad del pueblo soberano, al que también pertenecen sus víctimas directas, encuentra una gratificante debilidad en quien debiera aplicarle con contundencia y sin ambages el correctivo dictado en el artículo 155 de nuestra Carta Magna, donde se alude taxativamente a la fechoría cometida por este enloquecido “padre patrio”, y los medios coercitivos a ser aplicados en tal caso; con alusión directa a otros artículos: 2.- Unidad de la Nación, 3.- Lenguas (oficial y autonómicas), 8.- Garantías de soberanía, independencia, integridad y ordenamiento constitucional. Y el citado 155.- Obligación de cumplir  y hacer cumplir la Ley…

Tampoco queremos un Ramiro II, el Monje, que montó una campana en Huesca cuyo badajo era la cabeza más reseñable entre los nobles decapitados por díscolos, para “que se oyera en todo el reino…”. Pero tampoco es admisible, en nombre de la dignidad del pueblo soberano, la tibieza de quien quizá no merezca estar donde está, porque no sabe o no puede.

Poco debemos esperar de un Estado de Derecho, donde es legal que asesinos múltiples puedan reunirse en un matadero para celebrar su excarcelación anticipada, para mofa y befa de sentimientos honorables.

“El fascismo se cura leyendo y el racismo,  viajando”. (Unamuno).

Ambos conceptos pueden sustituirse por radicalismo y nacionalismo.

El gran pueblo catalán, al que me honro pertenecer por mis ancestros, no merece ser manipulado por un personaje acomplejado como simple paleto de provincias.

 

 

Carlos Castañosa

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.