‘El Atlas de las nubes’

El Atlas de las nubesUn mapa complejo al que le hace falta algo más de brújula.

Desde que vi el trailer de esta película por primera vez, allá por octubre del año pasado, la anoté en mi lista de ‘atenta a la fecha de estreno’. No fue solo el efecto de uno de esos trailers bien hechos que cuentan lo justo para captar toda tu atención. Es que la hipótesis que defiende esta película es una de esas cuestiones metafísicas que siempre me han interesado. Una de esas grandes dudas existenciales del ser humano y, por lo tanto, uno de esos motivos por los que de repente la sala de cine puede convertirse en la pequeña habitación en la que una vidente está a punto de revelarnos el gran secreto.

El Atlas de las nubes es una película sobre mundos diferentes conectados a través del tiempo y de quienes lo habitan. Es un mapa de sentimientos poblado de historias ínfimas que al interconectarse se hacen eternas e infinitas, como si todas las palabras, todos los sentimientos, todos los logros y tragedias formaran parte de un único ciclo con varias estaciones que, una vez llegado a su fin, vuelve a comenzar para cometer los mismos errores y perseguir las mismas metas.

Tal vez por eso resulta tan complicado decir de qué va exactamente esta película, porque parece que su pretensión es la de abarcar un espacio demasiado amplio como para que nos detengamos en un único punto del mapa. Y por este mismo motivo resulta una obra demasiado complicada y un tanto engorrosa, pues como espectadores estamos ansiosos de saber y ‘perdemos’ gran parte de la película intentando conectar a todos los personajes.

Tom TywkerEl Perfume– y los hermanos Wachowski Matrix– se han lanzado al vacío con una película arriesgada en cuanto a la trama que probablemente intenta justificarse con las múltiples intervenciones de rostros consagrados –Tom Hanks, Halle Berry, Hugh Grant…- y con una meticulosa ambientación para que cada época tenga su propia atmósfera y su propio color. Tal vez es demasiado maquillaje para una obra ya de por sí extremadamente decorada en la que el error no es una cuestión de carencia sino de sobreabundancia: hay demasiado de todo y eso es difícil de asimilar.

Demasiados personajes, demasiadas historias y subtramas, demasiados espacios, demasiados conflictos… En realidad, los mundos de El Atlas de las nubes son un único mundo caótico girando siempre sobre las mismas dudas y necesidades en el que algunos ‘elegidos’ buscan la forma de acceder a su engranaje para hacer que de vueltas en otra dirección.

En consecuencia, esta película aparentemente atractiva por su trasfondo filosófico, termina alejándose de la hipótesis de partida y de la ilusión de que cuando aparezcan los títulos de crédito hayamos obtenido una explicación capaz de calmar esas ansias de conocimiento, aunque solo sea con una ficción, como hacen las videntes.

 

Celina Ranz Santana

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