El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert FordJesse James me estaba esperando y, a pesar de su mala fama, no pareció importarle que llegara quizás con algo de retraso a la cita. Al menos el haber llegado en lo que se puede considerar a destiempo me permitió escuchar su voz original.

Y es que a mí no me gusta nada eso de escuchar a alguien con la voz de otro. Si quedo con un amigo no quiero tener a un tercero al lado diciendo el discurso de mi amigo mientras éste mueve la boca. A no ser que mi amigo sea mudo. Así que prefiero escuchar a Brad Pitt y a Jesse James hablando por ellos mismos como una sola persona porque el cine no es un arte ventrílocuo.

No soy un fanático de la versión original, dicho sea de paso, y por delante vayan mis respetos a todos los ventrílocuos dobladores y a todos los espectadores del cine doblado, como por ejemplo yo mismo cuando no me quedan otras narices.

El caso es que a Jesse James no le importó que no acudiera a verlo en su momento, cuando se mostró por última vez ante el mundo provocando que su cuerpo actual recibiera un premio creo recordar en Venecia, creo recordar la copa Volpi. Imagino que el bueno-malo de Jesse habría preferido llenar la copa de alguna bebida dura de pistolero y saciar con ella la sed de los cansados por la dureza del asesinato en el Far West. Porque eso de matar debe de ser agotador. Aunque para ser sinceros, no tengo ni idea si el mítico pistolero le daba a la bebida, al menos la película El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford no muestra nada al respecto. Como tampoco nos muestra una recreación morbosa de la violencia ni las habilidades como pistolero que hubiera podido tener el famoso maleante.

Jesse Pitt mata por la espalda y seguimos mostrando cierta simpatía por él. En su propio código narrativo y haciendo una interpretación de los posibles códigos morales de Brad James la película es cruda sin excesos peckinpahianos y más dada a la poética del cine comprometido con los personajes que la habitan.

Ahora parece estar de moda intelectual, porque la intelectualidad también tiene sus modas, mostrar el lado humano y perturbado de personajes que antes, a través del cine, simplemente nos hacían divertirnos en el engranaje de una trama plenamente activa en la que lo máximo que podíamos aspirar a ahondar en ellos era en la profundidad de los disparos recibidos. Esto es lo que ha pasado con Jesse James.

Esto de revisar algunos de nuestros mitos a priori no tiene nada de malo porque se entiende que ahora somos todos un poco más sofisticados que en la época del león rugiendo antes de la película, pero hay que asegurarse primero que hay algo que queremos revelar y que siempre nos ha permanecido oculto de dichos mitos. O simplemente hay que inventarse algo acerca de ellos que se ha imaginado o deducido que estaba allí, debajo de su piel. Lo que no se debería hacer es utilizar esa premisa moderna para realizar un simple ejercicio de estilo.

Podemos ponernos a revisarlo todo, los géneros y los mitos y darles una óptica del siglo XXI pero sin tratar de creernos más inteligentes por ello que aquellos que trabajaron con esa materia prima sin aspirar a dejar mensaje o a sellar películas con una rúbrica particular.

A mí me pareció una gran revisión del género del oeste la película Dead man, de Jim Jarmusch, pero puede que eso no constituya algo muy fiable en alguien que adora el cine de este tipo miembro del club de los hijos de Lee Marvin, junto a Nick Cave y Tom Waits. De todos modos, para hilarlo un poco con la, repito, irregular a mi juicio El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, en comparación la película de Jarmusch no parecía querer ofrecer una revisión del género, parecía más bien que el director había encontrado el contexto adecuado para contar una historia concreta en una época determinada en que supongo pudo vivir William Blake, el escritor que por otra parte inventó un mundo sin salir nunca de Londres. Paradojas del destino que se hayan llevado prestada su alma al otro lado del Atlántico para enfrentarlo al otro William Blake interpretado por Johnny Depp. A lo que iba, tengo la impresión de que en El asesinato… sí había cierta intencionalidad de lavarle la cara al género. Y esto se puede hacer siempre que no resultes pretencioso.

A mí me sobra media película. La otra media está muy bien.

Y, a pesar de que adoro a Brad Pitt, la Copa Volpi debió llevársela Casey Afflec, todo sea dicho.

 

 

 

Alberto García

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