El árbol de la muerte

El árbol de la muerte

Fruto del árbol de la muerte / Hans Hillewaert

Sin ni siquiera tocarlo, la especie más mortífera sobre la faz de la tierra puede desencadenar las reacciones más insospechadas en quienes se le acerquen

Todas las partes del árbol de la muerte son venenosas y cualquier interacción con él puede resultar mortal. Los investigadores Michael G. Andreu y Melissa H. Friedman, de la Universidad de Florida no pudieron ser más claros en la guía que escribieron sobre esta especie presente en las costas caribeñas y en el norte de Suramérica.

Un árbol brillante, atractivo, con bonitas hojas de un llamativo color verde y un agradable olor gracias a sus frutos, que a simple vista resultan verdaderamente apetecibles. Pero un ligero contacto con el Manzanillo puede resultar mortal, tanto que con tan solo uno de sus frutos pueden morir hasta 20 personas.

El árbol de la muerte aniquila con su simple presencia

Ni siquiera hace falta ingerir su fruto (unas pequeñas y apetecibles ‘manzanitas’ verdes), ni tocar su corteza o sus flores. El contacto directo con el árbol de la muerte no es necesario para que empiecen a notarse sus reacciones tóxicas en el ser humano. Con solo tocarse la piel o los ojos mientras se está cerca de él se pueden producir los mismos efectos.

Las culturas indígenas de las zonas en las que existen estas especies conocían estas características de árbol de la muerte desde tiempos remotos. De hecho en las antiguas civilizaciones en torno a este árbol se llevaban a cabo las torturas y castigos más crueles. Se dejaba al ajusticiado atado al tronco durante días para ver cómo el árbol acababa corroyéndolo, con su savia, con sus frutos, con todo su veneno. La savia tóxica del árbol de la muerte se empleaba también para impregnar flechas y hacerlas más mortíferas durante la batalla.

Para bien o para mal en la actualidad esta especie, que está bien identificada y correctamente señalizada en los lugares en los que podría entrar en contacto con seres humanos, se encuentra en peligro de extinción.

 

 

El Ilustrador

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