El alucinante mundo de Norman

Terror zombi entre carcajadas.

Una maldición centenaria se cierne sobre un pueblo que, sin saberlo, una vez al año está al borde de una invasión zombi. El guardián de este secreto se encarga de contener la ira de un ser de ultratumba que intenta despertar de su sueño pero, cuando éste muere, alguien debe ocupar su lugar. Será Norman, un niño incomprendido que tiene la increíble capacidad de ver a los muertos.

No es que sea el argumento más novedoso del año, pero los guionistas han sabido hacer un buen trabajo para suplir algunas de las carencias de El alucinante mundo de Norman con gags bien repartidos en la trama y una secuencia final realmente escalofriante.

La técnica del stop-motion 3D ha encontrado su hueco en el mundo de la animación y ha crecido y mejorado sorprendentemente con películas como ésta. Ésta vez no es tanto una cuestión de expresividad -como lo fue en ¡Piratas!– sino de luces y sombras. El alucinante mundo de Norman es una película tenebrosa con ambientes lúgubres que en ocasiones dan que pensar si verdaderamente es una película apta para mayores de 7 años. Y es que estos zombis, a pesar de no ser para nada del tipo de los caminantes de The walking dead, también dan miedo.

Los espacios elegidos para el desarrollo de la trama y sobre todo la música que acompaña los momentos de mayor dramatismo hacen que, de entre todo lo que nos puede resultar más ‘trillado’ del argumento, surjan pequeñas perlitas de la animación. De entre todas ellas me quedo con una divertidísima escena frente a una máquina de snacks y la secuencia onírica con la que arranca el desenlace de la historia. Es ahí donde el espectador se sumerge en el alucinante mundo del protagonista, un pequeño héroe que logra superar todos los obstáculos para demostrar que no hay que tener miedo a ser diferente.

 

 

Celina Ranz Santana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.