Dicotomía, dicotosuya… Infraestructura empresarial en las líneas aéreas

Sala de espera de aeropuerto

Carlos Castañosa

La configuran dos grupos aislados y diferenciados: El “gestor” y el “operativo”: El primero “dirige y administra”. El segundo, “vuela”.
El primero se contiene en un organigrama que va desde el presidente hasta la base de  mandos intermedios y funcionarios, algunos captados en el otro bando, el bloque operativo, el formado por pilotos, tcps, mantenimiento, y operarios de tierra anejos a la operación aérea.
Lejos de conformar una unidad empresarial en cuanto a objetivos comunes, existe una dicotomía como si se tratase de entidades distintas, alejadas y, en ocasiones, enfrentadas por disparidad de intereses, prioridades y una cierta animadversión a la que se da forma sin recato.

 

En el conjunto administrativo prima la economía sobre cualquier otro parámetro de la operación aérea. En el operativo, prevalece la “seguridad”, seguida de la “puntualidad”, “eficiencia” y “economía” (Son los 4 principios básicos de la deontología profesional del transporte aéreo, en ese orden de prioridad). No significa que al gestor no le importe la seguridad. Por supuesto que le interesa… Pero la delega cómodamente, y en exclusiva, sobre el conjunto operativo. Porque las actividades laborales referidas al vuelo tienen un componente vocacional muy intenso, que permite a los gestores prescindir de los esfuerzos de motivación y estímulos que, en una empresa convencional, el empresario tendría obligación y necesidad de promover en sus trabajadores. Aquí no es necesario, porque la motivación se da por hecha, y las sinergias que debieran aplicarse a dicho esfuerzo, pueden desviarse hacia otras áreas de incremento de producción y mejoras operativas.

Sin embargo, la inercia y la comodidad gestora suelen desviarse hacia abusos en la imposición de condiciones laborales que, en ocasiones, rebasan la capacidad y, a veces, la dignidad de algunos colectivos. Y surge el conflicto, las campañas de desprestigio, el acoso negociador y, al final, la  firma de un convenio precario que mantiene la distancia y animadversión entre ambas facciones.
El malestar generalizado redunda en un perjuicio evidente en cuanto al rendimiento y eficacia. Y el éxito de la empresa se ve mediatizado por la situación de conflicto instituida…
Cabina de un avión
En época crítica, se enconan los ánimos. Como ejemplo, el consejo de administración se sube los emolumentos un 20% y, al mes siguiente se congela esos sueldos para dar ejemplo, puesto que el siguiente paso es proponer un ERE porque la producción está bajando. Y está bajando porque la irradia hacia el “Low Cost”, donde encuentra mano de obra barata y precaria para sustituir al personal antiguo cuya experiencia tiene un valor vilipendiado por una gestión sospechosa. La desconfianza se enseñorea entre los distintos colectivos que se engranan en lo que debiera ser una sola máquina, un buen equipo, que no lo es por ser enemigos unos de otros.

A día de hoy, la Seguridad todavía sigue garantizada por la profesionalidad del bloque operativo, pero… si el deterioro gestor sigue apretando tuercas y ahorrando en tornillos, ¿terminarán tapando agujeros con pegatinas ( “cinta americana” en el argot aeronáutico) ?…, ¿ llegará un punto en el que la Seguridad, menospreciada  por una mala gestión,  pueda llegar a convertirse en motivo de preocupación en el medio de transporte más fiable que ha conocido la humanidad ?…
¿Es un modelo empresarial específico de la Aviación o, tal vez se trate de una doctrina generalizada – “motivación negativa” – dirigida al despido libre, como filosofía laboral moderna, vanguardista y perversa ?… Si esto es así…  si así tiene que ser… ¡jodidos vamos, todos !… Ellos, también…

 

 

Carlos Castañosa

 

 

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