Desindexación

Un viernes “de Consejo de Ministros” del pasado mes de abril, en rueda de presa posmeridiana, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saenz de Santamaría, con aire enigmático anunció que el Ejecutivo había aprobado el proyecto de ley de la desindexación de la economía. El personal se quedó patidifuso, sin saber bien si se trataba de una velada amenaza que sembraba la sombra de nuevas medidas espartanas, o vaya usted a saber qué les pasó por la cabeza a los presentes.

Afortunadamente, las nuevas tecnologías despejaron rápidamente la incógnita. Muchos de los periodistas se apresuraron –como mismo hicimos los que escuchamos la noticia en televisión– a buscar en el Diccionario on line de la Real Academia el antónimo de la palabreja en cuestión. El neologismo acuñado por la vicepresidenta no lo registra el diccionario, pero sí la voz indexación: acción y efecto de indexar. Es decir, elaborar índices. Básicamente, lo que quería decir la señora de Santamaría con el retórico término es que se iba a introducir un índice diferente al IPC para la revisión de precios de los contratos con las administraciones públicas. Con lo cual la expresión contiene una contradicción en sí misma, pues no se trataría exactamente de desindexar sino de sustituir un índice (el IPC) por otro u otros.

En la misma rueda de prensa, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, con la “sagacidad” dialéctica que le caracteriza (a el se le atribuye la célebre citación: “Nada hay más seguro en la vida que la muerte y los impuestos”, con la que trató de justificar una subida tributaria), soltó un globo sonda con otra de sus “brillantes” frases, dignas de diccionario de citas célebres: El Gobierno está trabajando en dar “seguridad y fiabilidad” a los pensionistas y no pueden producirse “subidas nominales de manera alocada” (de las pensiones).

Sin embargo, tanto la vicepresidenta como el ministro de Hacienda se apresuraron a negar cualquier vínculo con las pensiones. Es decir, que la novedosa “desindexación” de la economía española no tocaría las pensiones. Habitual táctica de tirar la piedra y esconder la mano, para valorar la reacción ciudadana de los posibles efectos de la medida que ya tienen pensado adoptar.

Cuando el Ejecutivo dice que no va a tocar esto o lo otro, o que no va a recortar aquí o allá, entonces, es para empezar a preocuparse porque en tales casos se suele cumplir la máxima: Cuando el Gobierno niega algo, piensa exactamente lo contrario y seguro que aciertas.

Dicho y hecho.

Tras el Consejo de Ministros del pasado 13 de septiembre, se anunció por el Ejecutivo que se estudia la reforma de las pensiones y se barajan fórmulas que desligan su actualización del IPC, que sería sustituido por otros criterios “matemáticos”. Es decir, la “desindexación” que no afectaría a las pensiones ahora parece que sí, que las desindexan.

El Secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, con más entusiasmo que convicción, se apresuró a afirmar (en la misma línea de las frases solemnes y magistrales a que nos tienen acostumbrados) que ahorrar no es recortar. En resumidas cuentas, la fórmula a aplicar, al parecer, pretende una actualización de las pensiones distinta a la revisión automática en base al IPC. Por tanto, se corre el riesgo de provocar que el poder adquisitivo de las mismas se vea mermado en lo sucesivo. El índice de precios al consumo ha resultado un modelo (no sé si el mejor, pero sí con una base objetiva) que plantea que si los precios (“el coste de la vida”, para entendernos) experimentan un alza del 1%, por ejemplo, los ingresos de los pensionistas deberán subir, como mínimo, un 1% para que éstos sigan ganando lo mismo. Es decir, para que las pensiones no pierdan poder adquisitivo. Esta parece una fórmula de una equidad fuera de discusión. Podría plantearse la introducción de un mayor número de precios en el elenco de productos y servicios que forman parte de la “cesta de la compra” para dar más objetividad al índice, pero no cuestionar el índice en si mismo. Con la medida, por mucha retórica que se le eche, las pensiones –previsiblemente– cada vez darán para menos. Y esto resulta todavía más preocupante si tenemos en cuenta que los pensionista se han convertido en los últimos años en el sostén económico de muchísimas familias.

Pero al parecer del flamante ministro de Hacienda, se trataría de dar “seguridad y fiabilidad” a los pensionistas. Y para ello hay que poner veto a las “subidas nominales de manera alocada”( no sea que los pensionistas se nos vuelvan “locos” y se dediquen a tirar la casa por la ventana).

A ver cómo se lo contamos al abuelo, que tiene una pensión mínima y que cada vez le dará para menos…

Luis Rivero Afonso
www.luisrivero.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.