Democracia con Burka

Mientras reflexionaba acerca del estado de la Democracia, pensaba en muchas cosas: basura, podredumbre, excremento, un incendio, peste, ponzoña; algunas obvias y otras sutiles. Luego me di cuenta de que, lo que mejor describía visualmente mi idea, era un simple rectángulo negro: la nada, la oscuridad, la invisibilidad. Lo que ve una mujer con burka a través de la rejilla de su prisión de tela.

La corrupción de la Democracia

De ajuste en ajuste, de recorte en recorte, paso a paso, hemos llegado a aceptar como normal la corrupción de la Democracia. Pasada una huelga general y diversas protestas sectoriales, que aunque tengan  aspectos criticables, son cruciales para entender el estado de ánimo, y la realidad de gran parte de la población española, el Gobierno se reafirma en una postura rígida frente a la opinión pública, y desafía al pueblo.

Por otra lado, el núcleo duro de Europa, o quizá sería más justo decir, el núcleo pasivo de Europa, aplaude los ajustes, porque no sabe, y no se atreve a tomar ninguna otra decisión. Si no fuera  dramático para las vidas de millones de ciudadanos, resultaría digno de una tragicomedia italiana, con su dosis de humor negro y escatológico.

Mamá Merkel está conforme, siempre que el cotarro europeo siga su esquema, haciendo alarde de la misma cintura política que un dictadorcillo de bananera. Mientras tanto, nosotros, el resto, ya nos hemos dado cuenta de que en España, igual que en los feudos de antaño, hay  poderosos intocables, ya nos hemos dado cuenta de que el ajuste llega a las mayorías pero no asciende hasta la cumbre de la pirámide. Se excusa a los “presuntos” culpables, no vaya a ser que investigándoles, se les caiga el “presuntos”. Nuestros dirigentes se han cargado el concepto de Democracia.

Mientras tanto, nosotros, los anónimos cuyas demandas y quejas se ignoran, somos quienes hemos legitimado al Presidente, (a este, al otro, y a cada uno); somos por quienes ellos, y el resto de la organización del Estado, existen; somos quienes damos sentido a toda esta “gran cosa” llamada Democracia, que con todos sus fallos, es la mejor forma de gobierno conocida hasta el momento.

Por eso, no es posible que se ignore al verdadero destinatario y origen del sistema democrático, en virtud de conformar los requisitos de una agrupación político-económica llamada Unión Europea, o de una agrupación de líderes de capacidad y honestidad cuestionables.

El final de la inocencia

Quise creer que el Título de “Primer Mundo” nos protegía, pero acabo de darme cuenta de la indefensión en la que nos encontramos como pueblo. No se trata de cumplir las reglas y exigencias de la Unión Europea, sino las de la Democracia, que es mucho más antigua y profunda que nuestro club continental. Si no lo entendemos así, es que hemos perdido el Norte.

Formamos parte de un equipo, en el cual cada Estado miembro ha de respetar unas normas, pero eso se encuentra por debajo del paraguas de la Democracia, y si bien es imposible conformar a todos, gobernar de espalda a las personas, denigra y corrompe el sistema de gobierno más desarrollado.

Hoy, la Democracia española, se ha calzado el Burka.

 

 

 

Eugenia Casta

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