Dándole la vuelta a Irlanda: Galway

Centro del GalwayCelina Ranz Santana

Cuenta la leyenda que la hija de un rey celta se ahogó en las profundidades del río Corrib. Su nombre, Galvia, es el origen de esta bohemia ciudad al oeste de Irlanda.

Se trata solo de una leyenda, pero parece que las cosas cuando se cuentan con un poco de ‘romanticismo’ tienen más gracia. Aunque realmente Galway no es una ciudad que necesite de historias inventadas para llamar la atención del viajero puesto que de por sí ya es un lugar atractivo en el que no solo apetece estar de paso sino quedarse durante una larga temporada.

Entre otras muchas ventajas, Galway está muy bien conectada con la capital del país con guaguas que salen y llegan a su pequeña estación prácticamente cada hora. Además, tiene aeropuerto y puerto y una impresionante bahía a la que lo único que le falta es que los termómetros aumentaran sus temperaturas para convertirse en un lugar perfecto para vivir.

El río Corrib atraviesa la ciudad y, según algunos Bahíahistoriadores, es el que le da nombre: Gallim, “río rocoso”, es el nombre gaélico de este asentamiento con más de ocho siglos de historia. Y los españoles hicieron su aportación al crecimiento de esta ciudad: durante los siglos XV y XVI barcos españoles cargados de mercancía –especialmente vino- llegaban hasta el puerto de Galway. Tal fue la conexión hispano-irlandesa en este enclave de la geografía, que la ciudad tiene su ‘Barrio Latino’ y un monumento llamado ‘Spanish Arch’ junto a los muelles.

Pero si por algo destaca Galway es por su ambiente pintoresco, entre lo bohemio y lo marinero, con músicos callejeros que iluminan las calles -¡aunque esté lloviendo!- y gente recorriendo su pequeño casco histórico a cualquier hora del día. Además, en lo que a arquitectura se refiere, la ciudad presume de tener la iglesia medieval más grande de Irlanda, Saint Nicolas de Myra, que en 1477 recibió la visita de un marinero muy especial: Cristóbal Colón.

Actualmente, Galway conserva parte de su acento español. Al menos esa es la sensación que da cuando, paseando por sus calles, encuentras siempre a alguien manteniendo una conversación en castellano. Sin duda, un buen lugar para sentirse como en casa y mantener lo ‘emocionante’ que tiene vivir en otro país.

 

Celina Ranz Santana

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