Dándole la vuelta a Irlanda. Dublín, tercera parte.

Costa de HowthCelina Ranz Santana

Por su particular ubicación en el globo terráqueo, Irlanda es un país especialmente ventoso que en cualquier momento te puede sorprender con una ráfaga de aire que te deja tieso de frío.

Pero para llegar a este punto de fortísimas ráfagas de viento en la costa de Howth, antes les tengo que relatar cómo llegamos hasta allí.

En realidad, ya teníamos planeada la excursión porque sabíamos que Dublín ya no nos iba a dar mucho de sí. Así que por la mañana –una espléndida mañana de domingo- hicimos lo que todos los dublineses suelen hacer. Bueno, todos no, porque un amplio porcentaje va a misa, que por estas tierras son bastante católicos y, además, practicantes.

Pero los irlandeses que no van a misa, en una mañana de domingo como la que tuvimos, se van al parque, que también es un lugar muy espiritual y recomendable para la meditación. Como el día anterior no habíamos tenido oportunidad de recorrerlo a fondo, decidimos regresar al St. Stephens Green, que Oscar Wildees uno de esos parques de ciudad en los que tienes la oportunidad de pasar del asfalto y el ruido de las calles a la tranquilidad absoluta de los pajaritos cantando, el agua de los estanques y la gente tirada en el césped bajo un rayito de sol. Un auténtico domingo de película.

Dimos un paseo por todo el parque, que está lleno de marquesinas y de estatuas, como la del busto de James Joyce. Y entonces se me ocurrió que podríamos hacer un recorrido por las estatuas famosas de la ciudad, así que continuamos el paseo por Marrion Square, donde hay una estatua enorme de Oscar Wilde recostado sobre una piedra. Ya de camino al hostal hicimos una parada en uno de los símbolos de Dublín: la estatua de Molly Malone. Se dice que esta atractiva joven vendía mejillones y berberechos frescos y era muy conocida en la ciudad. Desgraciadamente, murió aMolly Malone una edad muy corta como consecuencia de unas extrañas fiebres. Según cuenta la leyenda –y, sobre todo, los borrachos de Dublín- su fantasma aún se pasea de noche por las calles de la capital de Irlanda, vendiendo pescado.

Igualmente conocida es la estatua de Phil Lynott, un auténtico rockero irlandés que durante las décadas de los 70 y los 80 tuvo gran fama. También murió joven, como consecuencia de una sobredosis. Su estatua se erigió en una de las calles más importantes de la ciudad –Grafton Street- y actualmente es lugar de culto de los amantes del rock.

Y después de este recorrido, nos fuimos con la música a otra parte. Habíamos quedado con Sara para visitar el pueblo costero de Howth, no muy lejos de la capital. En el viaje de ida nos subimos en una de esas guaguas de dos pisos y pudimos ver todo el paisaje como si estuviéramos en el cine. Después de una media hora de camino, la guagua nos dejó en lo más alto del pueblo. Realmente, no sabíamos dónde nos teníamos que bajar, así que simplemente llegamos hasta allí y pensamos que ya habíamos subido bastante y que probablemente era hora de salir de la guagua. Aunque solo fuera por intuición, acertamos. Desde lo más alto del pueblo salen varias rutas para recorrer los acantilados. Como no íbamos Faro de Howthdemasiado preparados para una caminata en toda regla –Sara incluso llevaba falda y botas…- optamos por el sendero más sencillo. Que no quiero ni pensar cómo sería el complicado, pero aquello era bastante duro. No tanto por el terreno, sino por el viento que hacía. Por suerte, no era el camino que iba bordeando directamente el acantilado porque, de ser así, hubiera tenido un poco de miedo.

Cubriéndonos con el abrigo hasta el más mínimo pedacito de piel, hicimos el ventoso recorrido hasta el muelle de Howth y por el camino nos cruzamos con otros caminantes que iban en dirección contraria y a los que cariñosamente apodábamos como O’Conahew, O’Flaherty o cualquier otra cosa que se nos ocurriera con O’algo, que es como se apellida el ochenta por ciento de los irlandeses.

Ya en el pueblo, decidimos que, después de lo que habíamos sufrido en los acantilados, como mínimo teníamos que llegar hasta el faro. Sara, que para entonces ya estaba al borde de la congelación, se quedó esperándonos en el primer faro mientras Javi y yo llegábamos al último rincón de Howth, frente al que solo queda una isla repleta de pájaros. Y como no se puede tener todo en esta vida, nosotros disfrutamos de unas vistas muy chulas, pero fue Sara la que, durante la espera, consiguió ver una foca, que por lo visto son muy comunes en la zona aunque parece ser que los domingos se lo toman libre. Por cierto, que por entonces no lo sabíamos, pero algunas de las escenas de la película Albert Nobbs se rodaron en estas localizaciones.

Comimos algo rápido en el pueblo, visitamos un mercadillo y regresamos a Dublín en la primera guagua que vimos pasar, que en Irlanda el tema de los transportes no es que sea muy bueno y te puedes quedar colgado por menos de nada.'The porter house'

Ya de regreso en la capital, nos despedimos de Sara, que tenía que regresar a Maynooth, y dimos la tradicional vuelta de despedida de todos nuestros viajes, que suele acabar con una cerveza en algún sitio bonito y, estando en Dublín, no podía ser de otra manera. Como Sara nos había recomendado ‘The porter house’, en Temple Bar, allí que fuimos. Nos pedimos dos pintas –en realidad me quería pedir media, pero el camarero se rió de mí y me puso una entera- y nos sentamos a disfrutar de la música en directo de tres tipos que sabían tocar de todo y que no sé cómo podían hacerlo también después de la cantidad de cervezas que se habían tomado, a juzgar por los vasos vacíos que tenían alrededor.

Y ésta fue nuestra despedida de Irlanda. Una despedida que no fue más que un ‘hasta luego’, porque habríamos de regresar a estas tierras antes de lo que esperábamos.

 


Celina Ranz Santana

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