Dándole la vuelta a Irlanda. Dublín, primera parte

Bachelor's WalkCelina Ranz Santana

En enero de 2012 hicimos un viaje a Dublín sin saber que aquella primera parada sería el comienzo de todo un periplo por tierras irlandesas. Aquí van algunas de nuestras paradas más interesantes durante ese recorrido.

Como siempre, tomamos el primer avión de la mañana para llegar tempranito a nuestro destino y así sacarle mayor partido al día. Sara –amiga a la que teníamos previsto visitar durante nuestra estancia en Dublín- me había dado indicaciones muy detalladas acerca de cómo salir de la terminal y llegar a la parada de guaguas que nos conducirían la centro de la ciudad. Pero de nada sirvieron sus explicaciones porque desembarcamos en una terminal diferente, de manera que el recorrido hasta las guaguas era bien distinto. Con todo, llegamos sin problemas a la parada y a nuestro destino final, el centro de Dublín, que es un pincho enorme al que llaman ‘la aguja’ y sobre el que ya volveremos, pues es un punto de referencia.

Por suerte sabíamos de antemano que la primera parada que hacía la guagua era la nuestra, porque no hubo manera de entender las explicaciones del conductor y la parrafada que soltó al micrófono cuando llegamos a este lugar. Encontrar el hostal tampoco fue complicado. De hecho, Dublín es una ciudad en la que resulta bastante fácil orientarse: un río, dos mitades y un pincho enorme. Es que no hay pCastillo de Dublínérdida.

Como no veríamos a Sara hasta después de comer, dejamos las maletas en el hostal e hicimos un primer recorrido de inspección. Con Dublín hay que tener cuidado porque, en un primer recorrido de inspección te puedes ventilar prácticamente toda la ciudad: pasamos por el Ayuntamiento, por el Castillo –del que únicamente queda una torre y que, además, no pudimos visitar porque justo ese día había una visita oficial del Gobierno británico-, Temple Bar –la zona más animada de toda la ciudad-, y el paseo por el río, con sus curiosas esculturas que recuerdan los tiempos de hambruna en la ciudad y la necesidad de emigrar a otros países como Canadá.

Y después de este recorrido y de una ración de ‘fish and chips’ en uno de los locales más famosos de la ciudad –al menos eso es lo que ponía en las paredes, en las que estaban escritos los nombres de algunos famosos, entre ellos ‘los padres de Justin Timberlake’…- quedamos con Sara, compramos un ‘coffee to go’ en un supermermercado y seguimos con el paseo: la catedral de San Patricio, O’Conell Street, el Trinity College, el edificio de Correos y la estatua de James Joyce… En realidad, solo una toma de contacto para un fin de semana que se presentaba muy ajetreado.

 


Celina Ranz Santana

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