Dándole la vuelta a Irlanda: Cork

Río Lee en CorkCelina Ranz Santana

Un pequeño refugio al sur de Irlanda.

La ciudad de Cork es la segunda más importante de la República de Irlanda después de la capital del país. Con todo, el concepto de ‘ciudad’ en Irlanda es bastante diferente del que tenía hasta ahora. La cuestión es que en Irlanda todo es campo, de manera que cualquier concentración de casas con un poco de actividad comercial y una pequeña zona industrial ya se convierte en una ciudad.

Cork reúne todas estas características y, además, tiene puerto y aeropuerto, así que no podemos poner en duda que se trata de una localización importante el país, a pesar de que con salirse de sus límites urbanos un par de kilómetros nos encontremos nuevamente en mitad del paisaje verde salpicado de vacas y ovejas que tienen las tierras irlandesas.

Según reza el lema de la ciudad, Cork es ‘Un refugio seguro para las naves’, de lo que se deduce la importancia de la ciudad como enclave marítimo. Lo de ‘refugio seguro’ sí que no parece tan claro pues, como en el caso de otras localidades irlandesas, también la ciudad de Cork sufrió el asedio de los vikingos a través del mar.

El río Lee atraviesa la ciudad y la divide en tres partes. La verdad es que no sé exactamente en cuál de las tres estaba nuestro Bed & Breakfast que, una vez más, incluía cama pero no desayuno -¿entonces para qué lo llaman ‘Cama y Desayuno’?. Lo único que sé es que estaba a las afueras, pegado a la Universidad, que es una de esas ‘zonas de esparcimiento’ que a Javi le gustan tanto.

En realidad, el hecho de hacer noche en Cork no tenía tanto que ver con que la ciudad necesitara dos días de visita como con el hecho de que tardamos casi seis horas de viaje en guagua. Pero entre lo que tardamos y el hecho de que yo andaba medio coja por un problema de columna, la verdad es que hicimos bien en quedarnos una noche.

Con todo, el primer día ya habíamos recorrido prácticamente toda la ciudad. Y es que nuestros paseos urbanos no tienen nada que envidiar a las caminatas que solíamos hacer los sábados por los montes tinerfeños –salvo la inestimable compañía de esas escapadas-. Durante ese primer día tuvimos de todo: frío, calor, viento, granizo, lluvia… Así es el clima en Irlanda: impredecible. Pero el tiempo no fue un impedimento para que recorriéramos los rincones más importantes de Cork.Iglesia de Santa María

St. Patrick es la calle principal, que avanza de forma paralela a una de las bifurcaciones del río Lee hasta que hace un giro y termina conectando con éste. Es una calle llena de comercios y de gente, tanto turistas como autóctonos. Se podría decir que éste es el corazón que bombea toda la sangre que pone en funcionamiento Cork a través de otras pequeñas callejuelas que se entrecruzan en una especie de ‘desorden ordenado’ que le dan cierto encanto a esta ciudad.

Hay hasta tres rutas urbanas diferentes para recorrer a pie la ciudad y los mapas detallados de estos recorridos se pueden obtener de manera gratuita en una céntrica Oficina de Turismo equiparable a la de cualquier gran ciudad europea. Además, las rutas están muy bien indicadas mediante carteles distribuidos por las calles. Sin darnos cuenta y siguiendo únicamente nuestro instinto viajero, durante el primer día habíamos recorrido parcialmente las tres rutas, sobre todo la que avanza a lo largo de la Grand Parade, una avenida arbolada en la que se encuentran importantes edificios institucionales. A través de esta calle se accede al English Market, en el que hay todo tipo de productos comestibles, si bien los precios son bastante más altos que en España. En general, todo es más caro que en España excepto los dulces, lo cual es un peligro para los golosos, porque a base de bollos, galletas y chocolates te puedes poner como una de las vacas de los prados irlandeses.

Universidad de CorkOtra de las particularidades de Cork es que si miras al horizonte en cualquiera de los cuatro puntos cardinales, encuentras la torre de alguna iglesia. Especialmente bonitas son las de la catedral de Santa María, más conocida como la Catedral del Norte. Siguiendo la dirección de la catedral y cruzando nuevamente el río se llega hasta la universidad. Es uno de esos campus en los que parece que Harry Potter se te va a aparecer de frente al doblar la esquina. O, cuanto menos, una de esas universidades en las que los estudiantes seguro que van a clase porque, con edificios tan bonitos y un entorno tan tranquilo, la verdad es que dan ganas de sacarse la carrera.

Además, a los estudiantes irlandeses no les falta elocuencia en su discurso ya que muy cerca de Cork tienen la famosa piedra de Blarney Castle que, según la leyenda, te regala este don  si la besas. Y hablando de curiosidades, desde esta ciudad parte la ruta a pie E8, que finaliza en Estambul después de un recorrido de 4.700 kilómetros. Por eso, aunque nos gusta caminar, decidimos dejar este ‘paseo’ para otra ocasión.

Pero aún nos quedaron ganas de seguir recorriendo este país y empezar a subir hacia el norte, como podrán comprobar en la próxima entrega de estas crónicas.

 

 

Celina Ranz Santana

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