Dándole la vuelta a Irlanda: Ardmore

Sendero Ardmore

Celina Ranz Santana

Nos trasladamos hasta el sur del condado de Waterford, a la pequeña localidad de Ardmore, punto de encuentro del turismo de ‘caravaning’ y peregrinos en busca del agua curativa.

‘Gran Altura’. Ésta sería la traducción de un vocablo milenario en Irlanda que da nombre a este rincón de su geografía. Y no es de extrañar que los primeros pobladores de estas tierras decidieran llamarlo de esta manera ya que una de las características de Ardmore es su escarpada costa y sus acantilados de vértigos.

Llegar hasta aquí no es sencillo a través del transporte público, por eso en Irlanda es recomendable tener un amigo con coche y que no se apalanque en casa. Aprovechando un viaje de nuestra compañera de piso, no dudamos ni un instante en poner rumbo a este pequeño pueblo al sur de Waterford, a pesar de que el tiempo amenazaba tormenta –de hecho, se esperaba un temporal-.

Pero en Irlanda hay que ser optimistas con respecto al tiempo. Cuando sales de casa sabes que te va a llover sí o sí y lo único que puedes esperarAcantilado Ardmore es que al menos el agua llegue cuando tengas un sitio a mano en el que resguardarte.

Ardmore se recorre en una tarde, pero es una tarde agradable y merece la pena una visita si se nos cruza en el camino una oportunidad como la que tuvimos nosotros o si se alquila un coche para hacer turismo por el sur de la isla. Muchos irlandeses organizan aquí sus vacaciones porque, además de ser una zona famosa por sus ‘agradables’ temperaturas –dentro de lo que para un irlandés significa la palabra ‘verano’- existen varias zonas para plantar la caravana o la tienda de campaña frente a una playa que, con otro tipo de clima, no hay duda de que estaría repleta hasta los topes.

Aparte de un par de pubs al estilo ‘cañí’ irlandés, dos tiendas y algunos restaurantes, no hay mucho más en Ardmore desde el punto de vista Peregrino Ardmorecomercial. Pero tampoco nos interesaba este aspecto que, al fin y al cabo, es igual en prácticamente todos los lugares turísticos del mundo. Así que enfilamos nuestros pasos colina arriba, hacia donde inicia el sendero que recorre la costa del pueblo desde lo alto de sus imponentes acantilados.

Nos llamó la atención la señalización utilizada para marcar el camino: la figura de un peregrino que bien podría corresponderse a los del Camino de Santiago, a unos cuantos cientos de kilómetros de allí. Y es que Ardmore también es un punto de peregrinaje. No tan importante como la tumba del Apóstol, pero sí destacable dentro de la tradición irlandesa. San Declan vivió aquí allá por el 350 después de Cristo y se encargó de cristianizar la zona antes incluso de que llegara el famoso San Patricio.

Aquí se levantó el monasterio de San Declan, una pequeña ermita a la que el santo se retiraba para meditar y posteriormente una iglesia. Sin embargo, los primeros datos de peregrinación a este lugar se remontan al siglo XVIII y tan solo desde hace poco más de un siglo se lleva a cabo una celebración especial en honor a San Declan cada 24 de julio. En esta fecha, los peregrinos que llegan hasta la ermita hacen la señal de la cruz con el agua de su pozo sagrado para luego rodear la iglesia tres veces, avanzando en círculos hacia la derecha y terminar rezando el rosario.

En cualquier otro momento del año, las ruinas del antiguo monasterio de Ardmore son un lugar tranquilo en el que empezar o concluir el paseo por los acantilados que desde los que se registran avistamientos de orcas, ballenas y focas.

 

 

 

Celina Ranz Santana

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