Cuento de Navidad

Cena NavideñaCarlos Castañosa

Cena de Nochebuena. Preparativos para un suntuoso banquete en la mansión de tito Gerardo.

En esta fecha, cada año, reúne a todo el árbol genealógico. Aunque por  antigüedad no le corresponda la cúspide, a él le gusta presidir lo que sea, la mesa, la comunidad de vecinos o la federación de billar a tres bandas. Y, claro, como es el más rico y poderoso de la familia, tiene la pleitesía asegurada…

Hasta que llega Carletes, el sobrino impertinente, el invitado incómodo al que no hay más remedio que aceptar so pena de tener un problema  grave, otro más, con su hermana mayor, casada con un simplón, de esos que andan por la vida con su buena fe, pero al que ha tenido que embargar para hacerle un favor antes de que lo hicieran otros… Y el desagradecido sobrino, poniéndole caritas… ¿será posible?… Se va  a enterar…

– Hombre!… Carletes… mi sobrino predilecto… Pero ¡vaya pintas que traes a una cena seria!… Entre el pendientito en oreja izquierda y el peinado de cresta mohicana. Es que no sé cómo tus padres te dejan ir así… Yo, a mis hijos es que no les permitiría ni entrar en mi casa…

– Pues ya sabes, tito querido. Si no te gusto, lo dices y me largo sin problema a cenar con gente buena…

– ¡¿Qué quieres decir?!…

– Vamos, vamos… Haya paz… Es Navidad – interviene el cuñado recién embargado -.

La opípara cena está en marcha. Corren manjares, risotadas y vasos escanciados  una y otra vez  con espíritus etílicos que se vacían con fruición. El orondo patriarca llega a los postres en estado de exaltación y manifiesta felicidad por su reinado en miniatura desde la cabecera de la amplia mesa donde se han atiborrado a su costa… Es lógico que me estén agradecidos… ¡Qué gozada!… No hay como tener pasta para que lo quieran a uno… Pero el jodido Carletes no deja de buscarme la mirada… Pasa de la comida y no bebe nada… y esa media sonrisa como de desprecio… Tendré que darle un meneo…

Todos menos el joven levantan la copa de champán a indicación del amo. Terminado el brindis “por la salud de todos los presentes y porque el año venidero nos colme de riqueza…”,  clava sus ojos en los del desafiante sobrino:

– ¿Puede saberse qué te pasa?… ¿acaso has venido aquí a amargarnos una fiesta en la que todo debe ser amor y felicidad?…

Silencio total en los saciados y repletos comensales…

– No. Perdona tito Gerardo. No pretendo estropear tu entrañable celebración… Pero es que estoy bastante triste…

– ¡Qué pasa!… ¿Qué te ha dejado tu novia?… ¡Pues búscate otra, chaval, que las hay a manos llenas!…

– No. ¡Qué va!… No es por eso… Es que antes de venir aquí he estado con Ángel… ya sabes, ese empleado tuyo que contrataste hace un año, cuando montaste la compañía de aviación… Y me ha explicado que después de estar seis meses sin cobrar la nómina, ni él ni ninguno de los 665 trabajadores de esa empresa, la  acabas  de cerrar intencionadamente en vísperas de la Navidad… Y claro, es brutal el contraste entre este derroche y las penalidades de esas familias que se han quedado sin presente ni futuro… En este momento me imagino la celebración de Ángel y su cena de Nochebuena con su bebito en brazos e intentando consolar el llanto de desesperanza de su mujer…

– ¡Tú eres un imbécil… ¿Es que te crees que soy una ONG?…

– Te agradeceré que intentes no insultarme, aunque puedo asegurarte que no me afecta. Cualquier improperio tuyo es halago para mí…

– Mira, chaval… y a ver si te queda claro para siempre… Esos 666 trabajadores de mierda, son unos desagradecidos y una pandilleja de vagos… Yo los acogí, cuando andaban enloquecidos buscado trabajo, en una empresa que necesitaba la colaboración de todos… Todos tirar del mismo carro, hacia el mismo sitio, para todos salir ganando… Pues de inmediato comenzaron a pedir convenios colectivos, horas de actividad, derechos de los trabajadores y chorradas parecidas… Algunos hasta se afiliaban a sindicatos, de esos que están para joder al empresario… Les di un puesto de trabajo y casi me llevan a la ruina… ¿De verdad crees que me voy a preocupar por esos muertos de hambre?… No seas cretino, chaval… Así no vas a ninguna parte… O acabarás como tu pobre  padre…

– Mi admirado tito, empresario ejemplar ¿Te importa que me lleve estas lonchas de jamón que han sobrado y unos cuantos turrones de esos que no se van a comer y acabarán caducados y en la basura?… Es que para poder respirar necesito irme a cantar villancicos con Ángel y su familia… ¡Ah!… mi pobre padre no es pobre porque nos tiene a mi madre y a mí, y tiene nuestro cariño, admiración y respeto, y estamos orgullosos de un hombre de verdad… En cambio tú sí  eres pobre, tanto que no tienes nada más que dinero….

– ¡Y tú eres un gilipollas!… ¡Fuera de mi casa!…

Apenas termina la violenta frase, cae desplomado con un terrible alarido… Acaba de darle un cólico nefrítico…

DIAGNÓSTICO DE URGENCIAS:

Un riñón bien forrado, sí, pero de grasa podrida… Conductos urinarios contaminados por piedrecillas de odios y miseria depositadas por su conciencia pecadora… Debe permanecer en la UVI hasta que se purifiquen sus sentimientos humanitarios.

Se le recomienda dimitir, esta vez en serio, como  presidente de la CEOE.

Carlos Castañosa

 

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