Cuando la M flota

Carlos Castañosa

Flota, se mece en las olas, “enmarrana” y “enmarrona” el precioso azul atlántico de nuestras costas; paradisiacas playas ofrecidas  en promociones turísticas como destino ideal para unas merecidas vacaciones.

Escandaliza, o debiera escandalizar, la profusión de carteles oficiales que repetidamente jalonan este litoral con un “PROHIBO EL BAÑO POR RAZONES HIGIÉNICAS”, en sucesivos municipios costeros cuyos ediles aguantan hasta el último momento y disimulan la contaminación fecal hasta que ya no hay más remedio que volver a plantar el mismo cartel, el que se había retirado pocos días antes, cuando comprueban que la mancha marrón no se diluye por sí sola.

Hay una resignación colectiva ante la mediocridad que propicia esta lamentable situación con  un gravísimo problema en progresivo avance, propiciado por defectos de mantenimiento en instalaciones vetustas y deterioradas por el paso del tiempo, sin renovarse  elementos averiados  y materiales que necesitan ser actualizados, sistemas obsoletos,  depuradoras que no depuran, colectores rebosantes y emisarios agrietados que no pueden alejar la porquería lo suficiente porque los boquetes de la erosión actúan como eyectores  de un contenido nauseabundo y de alto riesgo medioambiental.

Si nuestra más valiosa fuente de ingresos procede del monocultivo turístico, de poco servirán tantas promociones publicitarias, viajes institucionales de propaganda oficial, ni los costosísimos congresos y seminarios que reúnen a la multitudinaria pléyade de “expertos”, que configuran el masivo organigrama de cargos afectos al sistema, que estudian, debaten, proponen ideas brillantes, analizan situaciones puntuales y proponen proyectos de futuro, sobre:

  • Si el número de pernoctaciones aumenta mes a mes porque el “low cost” favorece la afluencia de visitantes.
  • Si por carecer de un tour operador propio, el grueso de los beneficios pasa de largo y, además, nos controlan desde fuera los precios y el perfil de cliente para un mercado que nos creemos propio.
  • Si es presentable engañar con una oferta de calidad en playas punteras (Arona), hasta con servicio de atención a discapacitados, cuando los socorristas están huelga de hambre porque llevan un año sin cobrar.
  • Si la autogestión de las tarifas aeroportuarias sería el legítimo rescate de un negocio rentable que hoy está en manos de AENA  ante nuestras propias narices.
  • Si los paquetes del “todo incluido” significan el éxito para  titulares triunfalistas o, por el contrario, el porcentaje del gasto por persona apenas es calderilla que justificaría el contrasentido de un espectacular aumento de visitantes frente  a un galopante e inexplicable descenso en puestos de trabajo, paulatinamente más precarios, relacionados con el sector.

La eterna aspiración a captar, solo de boquilla, “turismo de calidad” solo consigue la frustración barata de una tendencia imparable hacia el bajo coste.

Pero el símbolo inapelable del fracaso está precisamente en los cotidianos vertidos fecales en nuestras varias playas que, por sí solos, destrozarían cualquier brillante iniciativa  para ofrecer un producto de calidad a clientes preferentes y/o especiales que, una vez convencidos de la maravilla que compran, pueden ver convertido su privilegio en un duro escarmiento si en el solaz de su baño marítimo coinciden con la flotante e indeseable materia orgánica, producto de la desidia que no ha sido capaz de aplicar el tratamiento adecuado  a su depuración y erradicación.

Así, no vamos a ninguna parte. ¿Que no hay dinero para resolver este problema? ¡Mentira! Tampoco lo hay para paliar el hambre, la miseria y la extrema necesidad de una población demasiado maltratada. Sin embargo, es interesante echar un vistazo al BOC donde aparecen dádivas y subvenciones millonarias (16,5 M€) a dos empresas de “altas tecnologías” (att.: al negocio del 012) afectas al poder instituido. O contemplar cómo se tuvo que devolver casi un millón de €, del fondo para fomento del empleo, porque en mes y medio no hubo tiempo suficiente para gestionar la compleja burocracia de su aplicación. ¡Ojo! también, que el 90% de la asignación presupuestaria de organismos oficiales (Consejería de Cultura del Gº de Canarias) es para salario y complementos de su personal (?). Lo dicho; así no vamos a ninguna parte.

No es compatible con la dignidad de un pueblo tener que nadar entre  tanta  mierda.

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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