Cuando 40 euros son una fortuna

EurosHace ya unos cuantos meses mantenía una conversación con una buena amiga que durante años ha estado trabajando en Reino Unido. Conversábamos acerca de lo que se considera “un sueldo digno” y llegamos a la conclusión de que ese concepto es tan maleable como peligroso. Si Marx levantara la cabeza…

Hoy me ha sorprendido la ingrata realidad de que 40 euros son una fortuna, al menos tal como están las cosas hoy en día. Al menos tal como nos lo han hecho creer. Hace meses que el neologismo “mileuristas” desapareció de nuestro vocabulario porque aspirar a los mil euros mensuales es apuntar demasiado alto. Ahora nos toca hablar, como mucho, de “ochocientos euristas” -que es en lo que ronda la prestación por desempleo- o de “prodidistas” -en el caso de haber agotado esa prestación y disponer únicamente de las ayudas PRODI de 426 euros-. Queda lejos aquella época de las grandes propinas, de los turistas adinerados, de los clientes de toda la vida, de las posibilidades de que el trabajador hiciera valer su esfuerzo y su dedicación. La movilidad profesional no existe porque no hay empleo y porque por mucho que uno quiera dejar el periodismo para meterse a panadero, sobran hornos para tanto bollo.

Y así es que 40 euros por una jornada de trabajo -pongamos por ejemplo- descargando un container de latas de pintura, son una fortuna. Una fortuna sumergida, sin factura, no declarada, sumisa y miserable incluso para los que no aspiran a nada más que descargar latas de pintura un día sí y otro también.

La economía española y, especialmente la canaria, empieza a ser una economía de auténtica subsistencia, de empleos “moribundos” y empresarios de rapiña. Pero una economía en la que 40 euros son una fortuna, sin ataduras legales, sin seguridad laboral, sin expectativas de convertirse en 60 euros al día siguiente, y 100 en el otro y en un contrato indefinido al otro, de ninguna de las maneras puede ser una buena pieza. Será siempre carroña.

Aquella buena amiga y yo hablábamos hace unos meses de la mala costumbre “made in Spain” de aceptar con resignación que las cosas sean como son, que nos engañen constantemente y que volvamos siempre con arrepentimiento al punto de partida, como si no pudiera haber nada más allá. Había mucho de idealista en aquella conversación, pero también había mucho de cierto. Y si no, que se lo digan a los actuales mileuristas, que ya están un escalón por encima de la gran mayoría de los trabajadores asalariados de este país.

Vagabundo Pérez

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