Criterio desinteresado y bien informado

Carlos Castañosa

Para que  la opinión vertida por un comunicador sea válida debe estar exenta de visceralidad y sensibilidades que personalicen la idea que pretende ser compartida. Debe  dejar espacio al sentido común y al uso de razón.

De tantos ejemplos como asolan nuestro panorama informativo, analicemos alguno específico: Prospecciones; privatización de AENA, el desastre  EMMASA, la pretendida demolición del Viera y Clavijo, o el paro endémico en Canarias.

Observemos que todos están interrelacionados por un vínculo evidente: el INTERÉS individual de quien emite su opinión. Puede tener cariz económico (la mayoría de las veces);  político (como intentar conservar una poltrona); ideológico (adoctrinar voluntades ajenas con ideas propias); o afán de protagonismo, gratuito o no.

Centrémonos en la privatización de AENA: Supone un destrozo incuestionable para los intereses socio-económicos de la población, pues la sustitución de un servicio público por un negocio privado solo favorecería a inversores, pocos pero poderosos, y perjudicaría la conectividad entre islas, la calidad del servicio y la carestía de las prestaciones. Así dictaminado, aunque no vinculante,  por la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia).

Si aparece la declaración del dueño de un monopolio aéreo, aquí implantado, cantando las excelencias de la privatización, es porque prepara su asalto a un nuevo negocio para ampliar su poder económico a costa de los usuarios y de los empleados públicos, que pasarían a ser trabajadores sin convenio ni derechos laborales, por correlación y como complemento a cómo lo ejerce desde su privilegiada situación, recién consolidada en el “organigrama” judicial. Caso claro de interés individual al emitir opinión.

Cuando el presidente de la Comunidad abandera los graves perjuicios que sufriría el turismo, no parece argumento suficiente contra la privatización, pues dicho monocultivo local adolece de una gestión mediocre y entregada a intereses foráneos: La coyuntura, favorable pero efímera, de la primavera árabe. Turoperadores extranjeros que definen y controlan el perfil de los clientes en paquetes de “todo incluido” y pretenden la exclusividad de los hoteles cinco estrellas. Aerolíneas Low Cost subvencionadas ilegalmente con nuestro dinero público. Gestión aeroportuaria cuyos beneficios millonarios pasan de largo. Perseverantes vertidos fecales en nuestro litoral que escarmientan al visitante. Precariedad laboral en el sector hotelero, incompatible con la calidad del servicio y con la excelencia que se pretende. Eso sí, abundantes y bien remunerados cargos políticos  relacionados con la gestión turística que, a la vista de su ineficacia, debieran renunciar o ser cesados.

La privatización de AENA sería tiro de gracia para tan precaria infraestructura. Pero la opinión del Sr. Rivero al respecto resultó inconsistente hasta que apareció, en este foro, la referencia a la Ley Orgánica 4/1996 de nuestro Estatuto de Autonomía, Art, 30, punto 13, que prohíbe la privatización del Ente en Canarias. Una Ley de obligado cumplimiento como argumento reivindicativo suficiente.

Otro motivo de preocupación sería la asunción de la autogestión aeroportuaria por las autoridades locales. ¿Nos meteríamos en “guatepeor”? Por correlación, si se lo montan en plan familia, estamos perdidos. La utopía de que un consorcio institucional: Gobierno Regional, Cabildos, Ayuntamientos, Cámaras de Comercio, sociedades financieras…, como en cualquier país normal de nuestro entorno, asumiera una gestión trasparente; que  concursos, cuentas de resultados y parentesco de los contratados, se controlasen unos a otros con limpieza y buena fe, sería el único motivo de esperanza y viabilidad  para este sufrido paraíso archipielágico.

¡Ah! Las penurias de nuestro turismo de medio pelo, no sirven como argumento válido contra las prospecciones. Habrá que aglutinar sentido común y uso de razón en todos los casos que afectan a nuestra supervivencia.

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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