‘Criadas y señoras’, el poder de la palabra

Criadas y SeñorasDurante los últimos meses, la mayoría de las películas que me ha gustado de verdad han resultado ser la adaptación cinematográfica de alguna novela. No es que sea una novedad esto de que el cine se alimente de la literatura, pero lo cierto es que últimamente lo está haciendo con muy buenos resultados, y ésta película es un ejemplo de ello.

Criadas y señoras fue una novela publicada por la editorial estadounidense ‘Maeva’ hace dos años y no tardó en convertirse en un éxito de ventas. Y después de que el actor y director Tate Taylor -Pretty Ugly People- asumiera el reto de llevarla al cine, se ha convertido también en un éxito de taquilla. Y es que, sin pecar de sensiblera -salvo en momentos contados y en un contexto perfectamente justificado- Taylor ha conseguido trasladarnos sin censura a la norteamérica profunda de los años 60 para denunciar la parte más vergonzosa del pasado reciente de EE.UU.

Skeeter -Emma Stone-, una joven aspirante a escritora, toma la determinación de que su primera novela tratará sobre un tema que conoce de primera mano: cómo durante muchos años las mujeres de raza negra se han dedicado a criar a los hijos de los blancos sin poder gozar de los mismos derechos que el resto de ciudadanos norteamericanos. Esta diferenciación racial relativamente moderna en la sociedad estadounidense es el punto de partida de una película que, siguiendo las directrices de la novela que adapta, pretende ‘incomodar’ al espectador para abordar el tema de la discriminación. Escenas que actualmente nos resultan inadmisibles se presentan dentro de la cotidianidad de la vida de estos personajes, algunos realmente pérfidos y otros sumidos en la pasividad de la norma impuesta y la necesidad de insistir en que lo diferente es malo. En medio de este panorama empiezan a surgir los brotes verdes de la nueva esperanza americana, con personajes como el de la protagonista o el interpretado por Jessica Chastain -El árbol de la vida-, enfrentadas hasta el final con el bando tradicional, encabezado por Bryce Dallas Howard –Más allá de la vida-.

Uno de los aspectos más destacables de la película es, precisamente, el elenco de personajes femeninos y la fuerza que transmiten en sus interpretaciones, especialmente en el lado de las criadas, donde los dos personajes principales, Viola Davis -Trust- y Octavia Spencer –Pretty Ugly People- llevan la carga emocional del argumento, administrando con sutileza las dosis de humor y drama de cada una de las historias.

Sin dejar en evidencia la denuncia social planteada por la película y sin convertirse nunca en un discurso moralista en defensa de la igualdad, Criadas y Señoras pasa por encima de la obviedad para centrarse en las historias particulares de cada una de sus protagonistas, con independencia de su raza o de su estatus social. Porque todas están a punto de experimentar un cambio sustancial en sus vidas, solo que mientras unas utilizan la palabra como arma de defensa, las otras no tendrán más opción que escudarse en un vergonzoso silencio.

Celina Ranz Santana

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