Costas las de Levante: Costa del Azahar. 7/7

Montañas de TarragonaDomingo, 10 de enero de 2010.  La mañana amanece estupenda, con fresco, eso sí, pero sin lluvia ni viento alguno y aunque la temperatura marca 4º, la sensación de frío es mucho menor. La ciencia ha mejorado de tal manera las previsiones del tiempo que se pueden hacer planes para el día siguiente que antes eran inconcebibles.

Así, tras el desayuno, vino la guagua y su correspondiente guía y a las 9 estamos camino hacia el Delta del Ebro por la consabida Nacional 340.

Las montañas que tenemos a la vista están nevadas y los campos que vemos a ambos lados de la carretera se ven anegados y cubiertos por una fina capa de hielo que habla de la temperatura de la pasada noche. Hemos cambiado Castellón por Tarragona y en ella nos internamos en las Terres de l’Ebre, marca turística que reúne las cuatro comarcas bañadas por ese río en su curso de 130 km. por las tierras meridionales de Cataluña: Baix Ebre, Montsiá, Terra Alta y Ribera d’Ebre.Estas comarcas engloban, además del Parque Natural del Delta del Ebro, un rico patrimonio monumental y cultural, como vestigios de la época prehistórica y romana, así como fortalezas árabes y templarias. Pero hoy nos vamos a conformar con visitar parte de ese famoso Delta que abarca 320 kilómetros cuadrados con una penetración de mar adentro de 25 kilómetros por lo que, en ese recorrido, al tener la capa superior del río agua dulce y la inferior agua salada, se logran capturar peces marinos río arriba. Para proteger su enorme valor ecológico que coexiste con una intensa explotación agrícola, en 1983 se declaró un Parque Natural de 7802 hectáreas.

Esta gran llanura incluye numerosas lagunas o estanques interiores y  además el río forma algunas islas, como las de Buda y San Antonio, en la desembocadura, o las de Gracia y Sapinya, remontando el río. La población del delta es reciente, cuando se construyeron los canales de riego, entre 1860 y1912, y la erradicación del paludismo. Se crearon núcleos como La Cava y Jesús y María que se fusionaron en Deltebre.

La entrada la hacemos por Amposta (20.000 hab.) capital del Montsiá y cerca de su puente colgante construido en 1919, interesante obra de ingeniería de la época. La ciudad tuvo su máxima importancia en la Edad Media como centro del Priorato o castellanía de los hospitalarios. Amposta esta situada a orillas del Ebro,  en el arranque de su delta y es un importante centro agrario de regadío (arroz, hortalizas, frutales) y de secano (olivo y algarrobo), además de una desarrollada avicultura. La guagua avanza por una estrecha carretera, cruzando los campos, ahora anegados y helados que empezarán a prepararse en febrero. Aquí se producen 70 millones de kilos de arroz, (el 20%  del total del país) en los que prevalecen las conocidas marcas Bayo y Montsiá. Las grandes zonas arroceras tienen un aspecto cambiante siguiendo el ritmo de las cosechas, verdes, amarillas o terrosas, si no hay sembrado.

Y por fin llegamos al pequeño muelle en donde se concentran todas las  embarcaciones de recreo que se dedican a realizar cruceros fluviales de 45 minutos de duración que nos llevan hasta la misma desembocadura. Y sin ningún preámbulo nos embarcan en uno de esos barcos de escaso calado que tiene dos niveles, uno con amplios ventanales para abrigar al pasaje del viento y del frío y otro en cubierta para los más atrevidos.

Nuestra providencial llegada ha traído algo de animación al solitario embarcadero y durante el recorrido el “patrón” va desgranando en un breve, pero profesional, discurso los aspectos más atractivos del Delta. Nos destaca sobre todo su avifauna rica (aves marítimas y terrestres) con importantes colonias de cría y el paso de aves migratorias en otoño

Se encuentran aquí el pato real y silvestre, el ánade silbón y el friso, la garza real y la imperial, cercetas, gallinetas, somorgujos, gaviotas, etc. El barco llega hasta el límite posible para la navegación, a unos cientos de metros de donde las olas del mar detienen el avance del río, cerca de la Isla de Buda y donde da la vuelta para retornar al lugar de la salida.

A las 11.30 regresamos y nos dan un “tiempo libre” suficiente para que compremos algo en los tenderetes del lugar e insuficiente para dar un breve paseo por la zona, por lo que la guagua nos da algunos bocinazos para que Julio y yo suspendamos una corta pero atractiva excursión. De regreso nos dan una “vuelta panorámica” por San Carlos de La Rápita y nos devuelven al hotel, no sin antes volver a pedirnos propina. Por la tarde, con la climatología mucho más favorable, paseamos sin prisas por el muelle y llegamos hasta su final, viendo como una enorme pala retroexcavadora trabaja en la ampliación del muelle deportivo y a cientos de lustrosos gatos a los que una señora está echándoles comida.

Me entretengo viendo a unos jubilados jugar al “Guiñote”  una complicada variación de nuestro “Tute” en el que se dan 6 cartas, se vira una y, tras cada mano jugada, se retira otra del montón, no siendo obligado servir “los arrastres” mientras haya cartas que retirar. Después me acerco a la Iglesia Arciprestal con el fin de santificar el día y observo como por fuera de la Iglesia hay tres grandes campanas que fueron fundidas allí mismo como parte de los actos para celebrar los 400 años de la arribada a Vinaroz de la reliquia de San Sebastián. En el ábside de la Iglesia hay un conjunto escultórico que representa la Asunción de María y en los laterales se ven dos murales hechos en 1957. El de la derecha se dedica el patrocinio de San Sebastián sobre Vinarós y el de la izquierda al patrocinio de Nuestra Señora de la Misericordia. El de San Sebastián recoge varios momentos de la vida de este santo cristiano del siglo III, al que Dioclesano mandó ejecutar a flechazos y así se le representa, pero no murió. Curó y volvió ante el emperador a reprocharle su crueldad y entonces éste mandó que lo matasen a golpes. Aquí este santo mártir viste traje con túnica a la manera romana y se diferencia por llevar una espada en el cinturón por su oficio de militar. Hay mucho público por fuera esperando la bendición de las campanas que fueron costeadas por “La Caixa”, como un “entente cordiale” más entre el poder económico y el divino que, con frecuencia viajan juntos. Ya me retiro pues mañana nos vamos de regreso a “Guanchilandia” y tengo que dejar lista  la maleta, al menos lo más preparada posible.

 

Lunes, 11 de enero de 2010.  Tras el desayuno nos apetece hacer un postrer paseo urbano a pesar del frío ambiente mañanero en el que debemos soportar una temperatura de 4º y así decimos adiós a Vinarós. Regresamos al hotel donde nos dan un escaso picnic y ya a las 9,50 nos vamos de la ciudad donde hemos pasado unas buenas vacaciones. Nos meten en la guagua que nos lleva al aeropuerto de Manises en Valencia. En él estamos a las 11.35 y tras los engorrosos trámites de embarque, a las 13,40 sale el avión que, sin incidencias dignas de mención, llega a las 15.20 hora de Canarias, al aeropuerto del Reina Sofía, que nos recibe con 20º, muy lejos de esas temperaturas “jodelonas” de Valencia

Aquí nos recibe también la gentil Yayi en cuyo coche regresamos sanos y salvos al  “puertito” de mis entretelas, por lo que solo resta agradecer a la piba y a su progenitor sus atenciones para con este pesado relator.

 

 

 

Valeriano Pérez

 

 

 

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