Cosas del cine

ManhattanEste artículo versa sobre varias cosas de importancia capital: la inteligencia emocional, el sello artístico de un cineasta, la incomodidad de una sala de cine y la nutrición.

1. Ayer vi Sángre fácil, la primera película de los Coen. La vi sentado en mi sofá y podía apoyar mis pies sobre un cojín, colocado éste sobre la mesita situada entre el televisor y el sofá. Era una de esas tantas películas que uno tiene pendientes, una de esas de las que “tengo que ver” y eso se debe a dos motivos principales: la curiosidad de cómo sería la primera película de los Coen y la necesidad de quedar bien en una conversación con gente ajena a uno. “¿Has visto Sangre fácil?” “Sí, claro…” Woody Allen nos retrataba muy bien a las víctimas de estas estupideces en Manhattan, cuando visitaba con Diane Keaton un museo del Cosmos y tenían la siguiente conversación :

Keaton: Oh, mira, ahí está Saturno. Saturno es el sexto planeta a partir del sol. ¿Cuántos satélites de Saturno conoces? Son Mimas, hum, Titán, Dione, Hiperión, claro…

Woody: No, no conozco ninguno y… por suerte, no suelen ser tema de conversación.

Más adelante el personaje de Woody le dice que las cosas realmente importantes no se aprenden con la mente y que el cerebro es el órgano más sobrevalorado.

En cualquier caso, Sángre fácil no está mal, es género negro revisado, como suelen hacer estos hermanos con los géneros. Los conocen, los estudian y le dan su impronta.

2. No sé si el hecho de tener un sello, una “impronta” es un signo de gran cineasta, de gran artista. Cuando un director de cine tiene un sello tan claro apenas hace falta ver un minuto de una de sus películas para reconocer su autoría. Si su marca es tan absolutamente personal no nos hará falta más de un plano. Es lo que sucedía con Hitchcock. En aquella época en que sólo había dos cadenas y la emisión de clásicos por televisión era algo habitual, encendías el aparato y te encontrabas con una película del maestro británico que no habías visto. Pues eso, que sólo necesitabas ver un plano para saber que aquella película le pertenecía. Hay unos pocos cineastas con los que se produce este fenómeno: Almodóvar, quizás Buñuel, Lars Von Trier… Pero habría que pararse a pensar si existe algún cineasta tan fácilmente identificable y que sea un mal cineasta. En mi opinión todos los que acabo de nombrar son magníficos. Pero quizás haya un tipo por ahí al que se le reconocen inmediatamente sus películas y que éstas sean terribles. Una reflexión quizás estúpida, por otro lado.

3. Tarkovski es posible que entre dentro de la liga de los cineastas reconocibles cuando es Tarkovski. Me explico, el otro día vi La infancia de Iván, la primera película del ruso en la sala de proyecciones del TEA (Tenerife Espacio de las Artes). La influencia de Bergman es tan grande que no se puede calificar dentro de esa categoría de cine con impronta del que estaba hablando antes y que como dije posiblemente no tenga más sentido que el que aparenta, la mera divagación. O puede que no. El caso es que vi la película en la mencionada e incómoda sala. Así que, a diferencia de la película de los Coen, aquí no tenía cojín donde apoyar los pies, que es algo que normalmente no se puede hacer en ninguna sala de cine pero al menos en el resto puedes apoyar la cabeza. En el TEA no. Dejemos esta reflexión en el aire: ¿Qué es mejor, ver una película de uno de los cineastas aparentemente más sólidos y reverenciados de la historia del cine en unas condiciones pésimas o ver una obra menor en un ambiente de comodidad? Esto sí podría ser un interesante tema de conversación, a mi juicio. Por otro lado no voy a entrar a valorar mi juicio. En cualquier caso, si el amigo Emilio Ramal consigue tener fuerza para cambiar el diseño de las sillas de esta sala, me apunto a ir a destrozar las actuales con un hacha. Podríamos ir unos cuantos y hacer una performance. Y quitarnos los malos rollos, de paso, en un acto artístico que podríamos definir como Bestialismo. O de cualquier otra manera.

4. Así que Tarkovski se nutre, por decirlo de algún modo, de Bergman para la realización de su primera película. Los Coen se nutren del género negro americano. Cada uno a lo suyo. Nunca había establecido ninguna relación entre los Coen y Tarkovski. Ahora sí. Ambos se nutren.

5. He dicho.

Alberto García

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