Control de natalidad de Clase

Aunque parecía una cuestión ideológica superada, al menos por la izquierda que ahora se mostraba permisible y aceptaba sin injerencias las decisiones personales, regocijada en que lo Público estuviese al servicio del individuo; no ha dejado de haber  con ciertos conservadores una constante batalla contra el aborto.

Durante ese tiempo, no han sido suficientes las razones de más peso y los ejemplos que nos acercaban las autopistas de la información desde América del Sur y Centro América, donde los condicionantes al imperio de la Cruz prohíben sacrificar el óvulo fecundado en una violación, aunque ello suponga riesgo para la salud de la maltratada madre.

Por otro lado, la negación de la posibilidad de utilizar células madres para salvar vidas se fundamenta extrayendo éstas de las nuevas ediciones de medicina y prohibiendo dicha práctica, quizás por entender que algunos herejes pretenden imitar a su dios. Y, por supuesto, lo peor sería que tuviesen éxito.

Sin embargo, los premios a la fecundidad del caudillo militar que casi muere en los setenta se han suprimido por sus herederos, que además han tenido que ceder un poco en cuanto al uso de técnicas de control de natalidad, como son los preservativos y, últimamente, píldoras anticonceptivas “de tercera generación” y que según informa la Sociedad de Contracepción consumen más de dos millones de mujeres en el estado español.

Pero, con la llegada de la derecha de Rajoy al reino Borbón, observamos atónitos cómo se vuelve a retomar la batalla del integrismo cristiano, resultando que se demoniza el aborto con argumentos de la más salvaje inquisición, al tiempo que se legisla con pretendido silencio contra otros métodos anticonceptivos, como es ahora el caso de las píldoras de tercera generación, que desde el día 1 de agosto quedarán fuera del catálogo de medicamentos subvencionados por la sanidad pública.

Los anticonceptivos de tercera generación se incorporaron al catálogo de Sanidad en 2011, como complemento de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo. Por supuesto, que ahora se quiten no significa que desaparezcan de las farmacias, pero sí que no van a ser tan accesibles, mostrando la diferencia de clase social entre quienes se limitan a la sanidad pública o quienes buscan  consejo profesional de forma privada.

Lo cierto es que esto ocurre con el mismo gobierno de derechas que ha atentado contra tantos derechos sociales y laborales, el mismo gobierno que argumenta a boca llena que se “cargaría” con gusto el aborto, o el que fue capaz de desaparecer a las células madres de los libros de medicina. Seguro que por no saber articular respuestas conjuntas o lo que es lo mismo, mostrar que somos un arcoíris de colores frente al azul estricto y uniforme de las gaviotas del PePé.

 

 

Pedro González Cánovas

Miembro de ANC

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