Cómo nos toman el pelo

Escocia los ha dejado en pelotas picadas. Como estaba cantado, fuera cual fuese el resultado de su referéndum, el triunfalismo sería el mismo: “Si ganaba el “Sí”, en Cataluña sería igual”.

Pero se impuso la lógica de un “No” rotundo, y el discurso también estaba servido de antemano: “Nos da envidia que en el UK se permita democráticamente la consulta y aquí se nos prive de ella. Estaríamos orgullosos de ser británicos en vez de españoles”.

¿Dónde está la trampa? Lo primero es considerar la gran diferencia entre unas encuestas, casi empatadas la víspera, y el demoledor resultado final en favor del “No”. Explicación: Por tratarse de un referéndum vinculante, cuyo resultado afectaría al futuro inmediato, a nivel político, económico, social, institucional y con arriesgadas connotaciones internacionales, se impuso el uso de la razón y el sentido común sobre la visceralidad y sentimentalismo de unos ciudadanos que evaluaron, con inteligencia, el elevado coste y la entidad de las renuncias que deberían afrontar en solitario, a partir de una independencia que, desde la deseada y aparente libertad, supondría el regreso a unos orígenes desde los que empezar de nuevo a luchar por integrarse en la ineludible globalización de un mundo actual, donde no se admite el aislacionismo ni el ensimismamiento geográfico o histórico.

¡Y eso que tienen petróleo de sobra para capear muchos temporales!

Y aquí, jugando a las banderitas en uve. Sorprende que voces autorizadas, personalidades con rango intelectual, mediático y/o político, social o simplemente televisivo, reivindiquen como derecho fundamental una consulta artificial sobre la independencia de Cataluña como un derecho democrático (que pudiera serlo, al mismo nivel que el derecho a la vivienda o al trabajo digno).

Veamos. Independientemente de la campaña previa de adoctrinamiento masivo, y de la habitual torpeza centralista en el tratamiento de una cuestión vital, sucede que al plantearse una consulta gratuita (¡qué coño gratuita! Que va a costar un pastón que podía dedicarse a servicios sociales, junto con lo que tiene que restituir la familia Pujol), cuyo resultado no será vinculante, el votante irá de cachondeo, como de verbena, y sin más preocupación que los colores de la seynera (las barras del Reino de Aragón), y la nube blaugrana a los acordes de Els Segadós. El resultado no les comprometerá a nada, pues no tendrán la forzosa disyuntiva que han sufrido los escoceses sobre una decisión racional basada en la responsabilidad de un futuro inmediato, que les iba a costar molts dinés, saldar deudas y renunciar a demasiados privilegios de los obtenidos dentro del Estado. Y, sobre todo, el gran riesgo de verse momentáneamente marginados por Europa y el resto del mundo.

Moraleja: La supuesta consulta independentista no sirve de nada, porque si fuera de verdad, el resultado seguramente sería tan “escocés” como la lección recibida desde una nación que sí lo fue en su día, que se unió a otras, y hoy ha elegido seguir en familia.

El deseo de ser nación sin haberlo sido nunca no justifica los daños colaterales inferidos a la buena fe ciudadana, producto de la ambición política de intentar pasar a la historia como libertador de nada.

Demasiadas energías malgastadas en intereses personales en un país tan necesitado de que sus servidores trabajen en beneficio de una población demasiado maltratada por la lamentable gestión política, social, económica y humanitaria.

Este predicado también es válido para la absurda, ridícula e inútil consulta local sobre las prospecciones. Una impresentable manipulación de la opinión púbica para montar un carísimo numerito de circo, que ni siquiera servirá para captar votos. Penoso…

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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