Comida y besos

Bon AppétitEl cartel de Bon Appétit, ciertos prejuicios que he de confesar sobre el cine patrio y el título no me seducían precisamente a la hora de elegir esta película en la cartelera. Sin embargo, una vez vista, he de decir que, si bien no es una película redonda, está muy por encima de mis expectativas previas.

Una película sobre un cocinero con un título tan gastronómico dentro de un marco romántico conducen a pensar en una historia hecha con plantilla que bebe de las fuentes hollywoodienses. Sin embargo, si bien la película podría corregir determinados ingredientes puestos en la sartén, el guiso resultante puede satisfacer a un gourmet medio, un guiso por encima de los huevos y papas fritas pero no tan sofisticado como un plato propio de Arzak.

Y es precisamente este asunto de la comida el que sale mejor parado en la película. Porque se podría haber caído en la tentación de apoyarse en el territorio culinario para la elaboración de una de esas estructuras acarameladas con poco interés más allá de pasar la tarde de un domingo, esas tardes terribles en las que la mayor aventura a la que muchos aspiran es a ver un telefilm.

El oficio del cocinero protagonista, el verle hacer cosas con las manos es sumamente interesante y gratificante, supongo que es por aquello de que nos gusta como espectadores ver cómo los personajes elaboran y preparan cosas, según dijo algún guionista cuyo nombre no recuerdo. Con esto de la comida como con otros asuntos de más hondo calado, la película sale bien parada. No pretende ser una comedia romántica al uso y nos ofrece una variedad de personajes complejos, alejados del maniqueismo tan mainstream propio de California, invitándonos a asistir a una historia de personas si no del todo reales al menos con un gran parecido a lo que nos pueden devolver nuestros espejos. Personajes con sus bajezas y virtudes que tratan de hacerse un hueco en la vida con las herramientas con las que disponen y con la ceguera que también les invalida.

Esto de la vida real y el cine es un asunto verdaderamente delicado. Queremos ver cine, cine en toda su extensión, algo que no podamos contemplar en nuestras rutinarias vidas y, sin embargo, necesitamos que ese cine con mayúsculas esté preñado de verosimilitud, que los personajes creados puedan responder como respondería nuestro vecino. Es complicado, ya lo sé, y mucho más cuando se trata de cine naturalista. Es en este aspecto donde creo que cojea un poco más esta por otra parte digna película, cuando se escapa del naturalismo y se adentra en las corrientes del género importado de Yuesei. Y es una lástima, porque haber conseguido crear unos personajes con esa ambigüedad moral, y esa estructura sutil en la que poco a poco vamos descubriendo quién es quién flaquee por hacer determinadas concesiones almibaradas. No jugarse del todo el tipo empobrece una película potencialmente más estimulante.

En cualquier caso, es una película recomendable para pasar una tarde de domingo, mucho más estimulante que cualquier telefilm pero menos arriesgada que un buen capítulo de Mad Men o de The Wire, por hablar (una vez más) de series que no hacen concesiones y cuyos guiones dan la cara por los personajes por los que han apostado, cueste lo que cueste. Normalmente, cuando las cosas se hacen así, echándole un par, al final el resultado es mucho más efectivo, porque, ya saben, el público no es tonto y reconoce qué es y qué no es impostado…

 

 

Alberto García

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