Combustión espontánea

Combustión espontáneaEl cuerpo humano se compone fundamentalmente de agua. Ello supone que para reducirlo a cenizas a través del fuego, sería necesario que éste alcanzara una temperatura de 1.700 grados centígrados. Los actuales crematorios, que trabajan con temperaturas de alrededor de los 800 grados, no consiguen destruir los cadáveres en su totalidad. Sin embargo, el fenómeno de la combustión espontánea, aún por esclarecer, transforma un cuerpo humano en cenizas de forma sorprendentemente fulminante.

Existen actualmente unos 200 casos registrados que podrían estar relacionados con la combustión espontánea de los cuerpos. Pero sólo podrían, puesto que aún no se han encontrado respuestas contundentes para explicar este fenómeno que tanta controversia ha despertado en el ámbito científico.

El primero de los casos conocidos se remonta a 1725, año en el que una tal Nicole Millet fallece sentada en una silla y su marido, Jonas Dupont, es acusado de asesinato por haberle prendido fuego. Un joven cirujano asistió a Dupont durante el juicio declarando que los restos de la señora Millet habían sido encontrados sobre una silla que, sorprendentemente, no había ardido y ésta fue una prueba suficientemente contundente para declarar a Dupont inocente y convencer al jurado de que Millet había fallecido por combustión espontánea.

Unos años después, en 1731, se registraría uno de los casos más sonados de muerte por combustión espontánea, ya que el escritor Charles Dickens lo cita en el prefacio de su novela Bleak House. La víctima en esta ocasión fue la condesa de Cesena, una mujer de 62 años de edad que ardió en su alcoba a apenas un metro de su cama, reduciéndose su cuerpo a un montoncito de cenizas que fue encontrado por su doncella. Ni el mobiliario de la habitación ni las sábanas de la cama se habían visto afectados por el fuego, y todo parecía señalar que la condesa había fallecido por combustión espontánea en algún momento de la noche tras levantarse de la cama.

Son sólo dos de los casos más conocidos de este fenómeno en cierto modo “sobrenatural”, pero a lo largo de la historia han quedado documentados al menos 200 incidentes de este tipo, si bien la combustión espontánea también ha sido utilizada como excusa en algunos crímenes.

Uno de los aspectos más llamativos de este fenómeno es que todas las víctimas siguen un patrón más o menos similar: son encontradas al menos seis horas después de haberse producido la combustión -de manera que no existen testigos que las hayan visto arder-, suelen tener problemas de movilidad, consumen alcohol o barbitúricos, sus cadáveres -o las cenizas que quedan de ellos- están mucho más quemadas que en un incendio convencional y además, la combustión se produce en estancias cerradas y no provoca daños materiales en el entorno de la víctima, sino que únicamente deja alrededor de las cenizas una zona de hollín grasiento.

Las líneas seguidas por las investigaciones científicas más rigurosas consideran que, en la mayoría de los casos, estos registros de muerte por combustión espontánea se deben realmente a crímenes por asesinato. Pero es cierto que dejan una puerta abierta a otras interpretaciones al referirse a la posibilidad del “Efecto mecha según el cual la ingnición del cuerpo se produciría como consecuencia de una acumulación de grasa en la ropa y en la piel durante horas que comenzaría a arder lentamente por la propia temperatura corporal y que iría aumentando de temperatura a medida que se acerca a las formaciones óseas, que contienen una gran parte de grasa. Y por último existe una línea de investigación que se refiere a la acumulación de energía estática en el cuerpo humano que llegados a un punto extremo generaría un voltaje tan potente que sería capaz de generar la chispa fulminante con la que una persona puede quedar reducida a cenizas en cuestión de segundos.

Casi igual de enigmáticas son las teorías de aquellos que defienden que la combustión espontánea es un fenómeno paranormal atribuible a la intervención divina y a energías místicas capaces de provocar alteraciones en el cuerpo humano tan poderosas como para hacer que un cuerpo humano arda sin motivo aparente.

De momento, ninguna de las teorías construidas en torno a este fenómeno han conseguido esclarecer sus causas reales. Tal vez por ello la combustión inminente haya sido utilizado por escritores y guionistas como un recurso atrayente para crear los argumentos de sus historias. Como nota curiosa, existe incluso un videojuego -la tercera entrega de Los Sims- en el que los personajes pueden fallecer debido a una combustión inminete.

 

 

 

 

 

 

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