Colonia Güell

Colonia Güell

Cripta Gaudí

Un nuevo núcleo urbano con tintes modernistas

Tradicionalmente el crecimiento de las ciudades parece estar vinculado a la aparición de zonas industriales en las que la marginación de la clase social obrera parece surgir como una consecuencia directa inevitable. La Colonia Güell de Barcelona demostró que todo es una cuestión de planificación, ideas y sobre todo de voluntad.

Habrá quien califique la iniciativa de tener tintes excesivamente paternalistas. Eso de tener a los trabajadores tan cerca y tan dependientes del propio lugar de trabajo desde luego podría ser analizado desde muchas perspectivas. Pero como base la idea no es del todo descabellada.

Con el fin de alejarse de los conflictos sociales que asolaban la ciudad de Barcelona a finales del siglo XIX, el empresario Eusebi Güell prefirió en cierto modo cubrirse las espaldas con sus trabajadores y crear para ellos un lugar de residencia en un entorno mucho más amable y cercano a la propia fábrica en la que trabajaban, una ventaja tanto para la empresa como para los empleados.

La Colonia Güell como un ejemplo de prosperidad

El lugar se planteó desde el comienzo como un emplazamiento en el que la vida social y económica estuviera tutelada por la propia empresa, lo que permitiría a la Colonia Güell gozar de ciertos privilegios que no eran comunes en el resto de asentamientos obreros de Barcelona.

El proyecto se encargó a diversos arquitectos de la época (Francesc Berenguer y Joan Rubió) y entre ellos a Antonio Gaudí, que se encargó de la construcción de la iglesia y de la famosa cripta. Mientras Eusebi Güell mantuvo su posición como mecenas de la cultura en la colonia obrera que por supuesto llevó su nombre.

Se construyeron numerosos edificios residenciales de estética modernista, recintos culturales y religiosos, fondas, escuela, comercios… El planteamiento inicial del proyecto era mucho más amplio de lo que se llegó a construir ya que a la muerte de Eusebi Güell en 1918 sus hijos abandonaron el proyecto.

Durante la Guerra Civil la fábrica fue colectivizada y gestionada por los propios trabajadores aunque con posterioridad retornaría a la familia Güell quien finalmente la vendería a los Bertrand Serra en 1945. Ya en 1973 y con la crisis del sector textil ésta se vería obligada a cerrar y el equipamiento y los terrenos se fueron vendiendo de manera progresiva.

A pesar del impacto que todo ello tuvo en la Colonia Güell, ésta resistió a la decadencia y al posterior crecimiento urbanístico desorbitado. En la década de los 90 de decretó la protección de sus edificios más emblemáticos y recibió la distinción de Bien de Interés Cultural. Pero habría que esperar hasta el 200o para que el lugar fuera sometido a un verdadero proceso de rehabilitación para reconvertir la zona en un parque de negocios y habilitar el servicio de visitas turísticas organizadas a la colonia.

El Ilustrador

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