‘Cinco metros cuadrados’, una radiografía de la actualidad

Cartél 5 metros cuadrados“Si soy una buena persona, si he hecho todo lo que tenía que hacer, ¿por qué no tengo mi casa?”

Pensé que sería difícil desvincular a la pareja formada por Fernando Tejero y Malena Alterio de esa otra parejita cómica de ‘Aquí no hay quien viva’. De hecho, al ver el tráiler de Cinco metros cuadrados lo primero que pensé es si no habría otras dos personas en el cine español para formar una pareja de ficción en un drama como éste. Con todo -y aunque fuera de rebote-, le dimos una oportunidad a la propuesta de Max Lemcke, que tras Casual Day regresa al cine como herramienta de radiografía de la actualidad desde la perspectiva más social.

El propio Lemcke confesó que en un principio había tenido sus dudas con Tejero –Al final del camino, Gente de mala calidad- como actor dramático, pero lo cierto es que en ningún momento la cara de su personaje nos trae reminiscencias de anteriores papeles cómicos. El tema que aborda Cinco metros cuadrados -la corrupción, la ambición y la dignidad- está tan presente en toda la película que se nos olvida que sus protagonistas han tenido una trayectoria profesional más bien encasillada en la comedia.

Lo mismo sucede con Malena Alterio –Al final del camino, Nacidas para sufrir-, cuya expresión refleja sin necesidad de palabras el rostro de la desesperación y la impotencia.

Y es que el quid de esta película es que se trata de una propuesta bastante sencilla en la que la que, en determinados momentos, incluso el guión experimenta una cierta caída de tensión. Pero en esos momentos en los que el argumento flojea, el espectador es capaz de tapar los agujeros de la trama con su propio conocimiento de la realidad. En este sentido, casi que Cinco metros cuadrados deja de convertirse en una película en sentido estricto para acercarse más a lo que podríamos considerar un reportaje periodístico acerca de la especulación inmobiliaria.

Fernando Tejero y Malena Alterio son una pareja joven, con deseos de casarse y de formar un hogar. Para ello han invertido sus ahorros en un piso aún por construir en una urbanización que promete ser el lugar idóneo para construir una familia. Sin embargo, y después de muchos chanchullos entre la promotora de la obra y el Ayuntamiento, el edificio nunca llega a construirse.

Empieza entonces el drama de esta pareja que, al contrario que el resto de propietarios -que va cayendo en el largo y lento camino de la justicia-, luchará hasta el final por defender lo único que les queda: su dignidad.

Celina Ranz Santana

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