Christiania

ChristianiaLa ciudad libre del centro de Copenhague.

En enero de 2014, el barrio de Christiania, en la capital danesa, ‘blindaba’ sus cuatro accesos. Era la primera vez en su historia, desde que fuera fundada en 1971 por un grupo de hippies, que la zona se aislaba por completo de su entorno. El objetivo: decidir cuál sería el futuro de la comunidad.

El abandono de un cuartel militar al comienzo de la década de los 70 del siglo pasado fue el origen de Christiania. Un grupo de jóvenes pertenecientes al movimiento provoa animaron a la ocupación ilegal de estos terrenos y desarrollar allí un estilo de vida comunal que en 1989 fue parcialmente reconocido por la ley danesa.

Ya en las primera década del siglo XXI y para aplacar las tensiones con el Gobierno acerca de la propiedad de ese territorio, los ciudadanos de Christiania fueron adquiriendo legalmente los terrenos. Se trata, con todo, de una propiedad comunal que no puede venderse de manera individual y que supone la aceptación de las condiciones contraídas entre la comunidad y el Gobierno del país.

En la actualidad, unas 750 personas pueblan las calles de este barrio de Copenhague que se ha desarrollado sobre las bases de una sociedad alternativa en la que las decisiones se toman por consenso con todos sus miembros reunidos en asamblea.

Así sucedió a comienzos de 2014, cuando el barrio cerró sus accesos para debatir sobre el camino que debía seguir la comuna. El mercado de la marihuana y la creciente presencia de bandas violentas relacionadas con el tráfico de drogas estaba provocando ciertos desequilibrios en la convivencia de los miembros de Christiania. Conscientes de estos cambios, los vecinos del barrio necesitaban aplicar nuevos cambios entre los que se acordaron la ampliación del barrio -atraer a nuevos vecinos con la construcción de unas 200 viviendas- y modificar su modelo económico para dejar de ser el mercado abierto de marihuana en el que se ha convertido -evitando así la presión de los grupos de gobierno más conservadores que podrían ser una amenaza para su futuro-.

Pero, a pesar de ser todo un ejemplo de autogestión en una sociedad ajena al sistema, lo cierto es que Christiania está llena de contradicciones. La comunidad paga como cualquier otro ciudadano los intereses del crédito que pidieron para la compra de los terrenos, hace frente a los impuestos del resto de trabajadores daneses -aunque están exentos de algunos- y también se beneficia de las ayudas estatales -paro, pensiones, ayudas a las familias con hijos- de ese sistema que critican.

 

 

El Ilustrador

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