Cho Vito

Ha sido, esta mañana temprano, el trance más amargo que cualquier persona normal puede sentir. Despertar con la amargura de unas noticias tan crueles, tan faltas de sentido común, emborronan cualquier paisaje por las lágrimas del desespero, de la indignación y la rabia por tanta injusticia impartida en nombre de la Justicia.

Terrible trance para estas familias indefensas ante la Ley. Una Ley que se escribe con mayúscula porque se le supone el supremo objetivo de proteger a la persona. Hay que creer en ella porque lo contrario no es políticamente correcto. Sería motivo de reproche por quienes abanderan conceptos sublimes como democracia, constitución, derechos humanos… Sin embargo, me voy a arriesgar: ¡Creo en la Justicia!… Pero no puedo creer en quienes la imparten…

La percepción inmediata es “¡En qué malas manos estamos!”… “¿Qué hemos hecho mal? ¿Qué han hecho estas personas para merecer la crueldad institucional?” No podemos inhibirnos, los ciudadanos de bien, por la comodidad que proporciona la resignación ante las tropelías que sufren otros, porque mañana seremos nosotros los maltratados; seres indefensos ante el despotismo y prepotencia de unos poderes que están destrozando una Sociedad que, hasta hace poco, lo tenía todo a favor; un futuro brillante y esperanzador. Sin embargo, llegó la crisis como el ladrón del evangelio; sin avisar. Pero sí estaban avisados quienes la propiciaron, para protegerse, beneficiarse y cargar responsabilidades y soluciones traumáticas en quienes menos culpa tenían, en los pobladores de Cho Vito, que simbolizan a todo un Pueblo vejado, maltratado y escarnecido por los tres poderes fácticos que, bajo la falacia democrática de su “separación”, Judicial, Legislativo y Ejecutivo, en complicidad manifiesta, se conchaban en actuaciones como el denigrante desalojo del entrañable poblado marinero, como escaparate de Canarias y España, ante todo el mundo, para vergüenza y oprobio de unos ciudadanos que no merecen, ¡que no merecemos! la indecencia de unas instituciones inútiles, corruptas e infecciosas para una población que merece todo lo contrario, eficacia, honradez , salud moral y principios éticos, para convivir en paz. Lo de la prosperidad… ya vendrá… cuando venga…

P.D: ¡Don Paulino! ¿Dónde estaba usted escondido esta mañana?

Ana Mendoza

Presidenta de la Asociación ‘Por la Rehabilitación del Parque Cultural Viera y Clavijo’

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