Chişinău: moldavo-rumano, moldavo-ruso

Cerveza ChişinăuJulia Marí Alcántara

El segundo día en Chişinău tuvimos que dejar apartado el turismo para asistir al coloquio en la Universidad. Nos pidieron un taxi en el hotel porque llovía un poco y hacía frío para caminar hasta el centro. Los taxis también se pueden coger por la calle levantando la mano, pero siempre, sea como sea, tienes que negociar el precio.

Lo mejor es decirles directamente un precio, normalmente en los hoteles te aconsejan qué es lo normal dependiendo del trayecto. La verdad es que a nosotros siempre nos aceptaron el precio propuesto sin mayor problema, aunque volveré sobre el tema de los taxistas más adelante porque tuvimos dos experiencias con ellos dignas de recordar.

El día en la Universidad fue largo, pero aprendí muchas cosas. Gracias a las diferentes ponencias y a detalles que ya había observado el día anterior, me di cuenta de que Moldavia es un país que tiene, como muy bien dijo un compañero mío, un poco de esquizofrenia lingüística. De hecho, a día de hoy, aún no me ha quedado muy clara la situación, aunque puedo hacer un resumen de lo que yo entendí, o no entendí, según se mire…Universidad de Moldavia

Se supone que en Moldavia se habla el moldavo, que no es más que rumano pero con un acento diferente y alguna que otra palabra también diferente. No obstante, muchos moldavos dicen que son rumanos y que hablan rumano, pero no han nacido en Rumanía, sino en Moldavia. Además, se ha creado un diccionario bilingüe rumano-moldavo, moldavo-rumano.

La mayoría de moldavos sabe ruso, pero hay muchos moldavos que sólo hablan ruso, y nunca te hablarán en rumano (moldavo), y te dirán que son rusos, no moldavos. Después hay otras etnias que no hablan ni ruso ni rumano pero si entro en eso ya nos hacemos un lío descomunal.

Los carteles están en rumano pero los ordenadores de la universidad, por ejemplo, estaban en ruso. La mayoría de taxistas te habla en ruso, y el rumano no lo dominan casi nada. Si entras en un bar pro-ruso, entonces te hablan en ruso, o en inglés, pero no puedes tener la carta en rumano sino en ruso y con el camarero explicándote las cosas en inglés.

Los moldavos que se consideran rumanos tienen un discurso del tipo “Debemos caminar juntos hacia Europa y alejarnos de Rusia, que no nos puede aportar nada”. Sin embargo, al final te das cuenta de que la cruda realidad es que ni Europa ni Rusia les quieren sacar del pozo, y que están ahí flotando en una especie de limbo, a la espera de pasar al Paraíso, que sería para la mayoría Europa, o incluso Rumanía, y para muchos otros Rusia, o quedar confinados al Infierno, solos, intentando salir de una situación económica y social bastante complicada.

Si a todo esto le añadimos que hay una región en Moldavia, llamada Transnitria, que se proclamó independiente en 1990 después de una guerra civil y le sumamos que nadie ha reconocido esta independencia, ni si quiera los propios moldavos… Quizás nos podemos empezar a hacer una ligera idea de cómo están las cosas en ese país.

En fin, que después de este lío, que en realidad es mucho más complejo que todo esto, decidimos ir al hotel, arreglarnos un poco y salir a descubrir cómo era la noche de la ciudad.

Esta vez paramos el taxi con la mano. Unos amigos, que ya estaban en el bar esperando por nosotros, nos indicaron que le dijésemos al taxista que nos dejara en un teatro muy conocido del centro, ya que el bar estaba al lado. Le dimos el nombre del teatro, negociamos el precio y para allí que nos fuimos. A los dos minutos de trayecto, nos dimos cuenta de que íbamos a 10 km/h. No era mucho problema porque no íbamos con taxímetro, pero era un poco raro ir tan lento. Pensamos que quizás, como el taxi eran tan viejo, tenía que ir así de lento por los baches, pero el amigo que iba delante del conductor nos dijo que apestaba a alcohol. También había que tener en cuenta que tenía una barriga descomunal que chocaba contra el volante y que no le permitía maniobrar muy bien.

Como íbamos a 10 km/h y a esas horas no había ni un solo coche en la carretera, no nos asustamos demasiado. El hombre nos dejó en el teatro, después de un trayecto eterno, pero por allí ni rastro del bar. Tardamos más de 10 minutos en darnos cuenta de que nos había dejado donde le había dado la real gana… Después de caminar un buen rato, vimos a un grupo de gente joven y les preguntamos por el bar. Se lo preguntamos en rumano, nos contestaron en inglés (moldavos rusos, blanco y en botella).

Al parecer, el bar al que fuimos, de cuyo nombre no puedo acordarme, era pro-ruso, así que nos dijeron que nos limitásemos a hablarles en inglés y no intentáramos forzar lo del rumano. Estaba claro que el bar era pro-ruso porque en el techo había colgado un póster de Lenin. Era un sitio agradable, con buena música y buen ambiente, y al final entre copa y copa, algunos rusos acabaron hablando rumano.

Unos moldavos rusos, o rusos a secas, a los que les habíamos caído bien, nos invitaron a su casa porque habían montado una fiesta, pero decidimos ir a una discoteca a seguir bailando.

Entramos en la discoteca, después de comernos un perrito caliente que vendían en un quiosco cerca, y allí estuvimos hasta las 5 o 6 de la mañana. Aparte de la música, no había gran diferencia entre esa discoteca y cualquier otra que haya visto en España. Volvimos en taxi, esta vez a una velocidad adecuada y con la intención de levantarnos a una hora decente al día siguiente para seguir con el turismo. Aterrizamos por hoy, mañana será otro vuelo.

 

 

 

Julia Marí Alcántara

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