Chapman Stick

KanePedro Pablo Sánchez

Aquel fue un gran año: Miguel Indurain ganaba el Tour de Francia por segunda vez consecutiva. Se inauguraba la primera línea del AVE entre Madrid y Sevilla. La Exposición Universal conmemorativa del V Centenario del descubrimiento de América abría sus puertas en la Capital Hispalense.  Mi ciudad natal, Barcelona, celebraba unas Olimpiadas que en su momento serían consideradas como las mejores de la historia y yo, con unos cuantos lustros menos, recorría por primera vez los Estados Unidos de costa a costa. No le podía pedir más a 1992.

En pleno mes de Enero, pasé del frio polar de Massachusetts al delicioso clima mediterráneo de California; del televisivo Cheers, en Boston, a la que fuera prisión federal hasta 1963 en la isla de Alcatraz. Fue precisamente en San Francisco, en uno de sus barrios emblemáticos, Haight-Ashbury, donde escuché y vi por primera vez un instrumento musical que, por aquel entonces, supuso para mí un gran descubrimiento. 

El barrio que durante la década de los 60 fue cuna del movimiento hippie, gozaba de un ambiente distendido, teñido de bohemias reminiscencias. La vivaz policromía en las fachadas de sus edificaciones conjugaba con el encanto que transmitían los curiosos y variopintos personajes que habitan la zona. Fue durante aquel paseo vespertino, cuando una plácida y peculiar melodía consiguió atrapar súbitamente mi atención. Allí estaba Daniel A. Kane, un músico de color que, junto al típico carrito de hot dogs,  estaba interpretando sus composiciones con su Chapman Stick
Daniel A. Kane, a quién no dudé en adquirirle uno de sus cassettes, presionaba las cuerdas con los dedos de ambas manos simultáneamente (técnica conocida como tapping),  sobre el instrumento que principalmente consiste en un solo mástil, al que su creador inicialmente llamó The electric Stick o El palo eléctrico.
Allí estaba yo, contemplando boquiabierto aquella sugestiva herramienta de música, veintidós  años después de que el luthier Californiano Emmett Chapman decidiese desarrollar una idea nueva para aplicarla directamente sobre el diapasón de su guitarra. 
Si bien en un principio, el stick que el mismo Chapman construyó sólo constaba de 7 cuerdas, con los años se fue transformando en algo más que un curioso instrumento.  “Popularizado quizás masivamente por el bajista Tony Levin en sus apariciones con King Crimson y Peter Gabriel, el Stick fue el mejor camino que muchos músicos encontraron para expresarse mas allá del mero tecnicismo o la novedad.”

Este instrumento que aún hoy sigue fabricando el mismo Chapman, ha evolucionado notablemente desde su origen, existiendo en la actualidad diferentes modelos: De 8 cuerdas (Stick Bass), 10 cuerdas (Standard Stick) y 12 cuerdas (Grand Stick). Precisamente, este último fué el que pude contemplar en las manos de aquel músico californiano. 
Cada uno de los diferentes sticks está fabricado con distintas maderas y concebidos con afinaciones propias en cada uno de ellos. También se pueden encontrar sticks con  varias opciones de micrófonos y fabricados con accesorios específicos como son los trastes de acero; un micrófono estéreo que permite dividir la señal en dos partes; un puente ajustable y hasta un stick MIDI, llamado The Grid
Sus cuerdas se dividen en dos grupos: el grupo de acordes o de bajo, con el que se pueden armar líneas de bajos marcadas o bien acordes que acompañan a la guitarra, como si fuese la mano izquierda de un piano y el segundo grupo de cuerdas de guitarra o melódicas, con las que se pueden armar líneas guitarrísticas y más acordes. 
De esta manera, el artista se transforma en un hombre-orquesta, logrando sonoridades desiguales con una amplia posibilidad armónica, a la vez de poder jugar con la electrónica que le permite la estereofonía de su micrófono exclusivo.

Así es como surge un nuevo concepto de músico que no sólo puede tener el rol de bajista o guitarrista en una banda, sino que también  ofrece al artista la posibilidad de actuar como concertista solista.

Aquí  les dejo este vídeo para que disfruten del sonido del stick, de igual manera que lo vengo haciendo en repetidas ocasiones desde que me crucé con él en aquella plácida tarde de Enero de 1992.

 

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Pedro Pablo Sánchez

 

 

 

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