No parece casualidad, sino campaña orquestada

Fiesta Nacional

Actos centrales del día de la Fiesta Nacional

Es increíble y vergonzoso tener que sufrir tan furibundos ataques contra el respeto debido a la historia de España y a la dignidad de un pueblo, con motivos suficientes para sentirse orgulloso y privilegiado por haber nacido en el país que se habría elegido si se pudiera escoger antes de venir a este extraño valle de despropósitos.

Con las celebraciones del 12-O, cada año más austeras, se han exacerbado los ánimos de los detractores a unos límites demasiado sospechosos, aparte de la vergüenza ajena que inspiran testimonios falaces como expresión de mediocridad intelectual e indicios de analfabetismo intencionado. Tal es denigrar la historia a base de escamotear la gloria de gestas heroicas, conquistas, victorias, derrotas, éxitos y fracasos, sacándola de su contexto cronológico, mediante la infantiloide táctica de juzgar hechos antiguos con parámetros actuales de usos, costumbres, principios éticos y valores morales distintos y alejados de los que prevalecían en siglos pasados.

No nos quepa la menor duda de que dentro de cien o doscientos años, también habrá iluminados tendenciosos que nos pongan a parir, a los de ahora, por intentar vivir en democracia sin conseguirlo. Porque una cosa es la utopía teórica y otra la realidad imperfecta contaminada por el pernicioso factor humano.

Ataque indiscriminado y sistemático contra todo lo que suponga patria

Tan dañino y cutre como el pariente que organiza una campaña de desprestigio socio-familiar contra algún miembro allegado para denigrarlo por motivos, por ejemplo de envidia. Suele tener éxito entre el grupo de afectos más predispuestos y menos dotados de inteligencia racional. Aquellos que no contrastan la veracidad del infundio, y sin más, retiran el saludo al señalado con el dedo. Quien, por otra parte, goza del privilegio de poder seleccionar a sus adeptos y prescindir de los molestos parásitos que antes se arrimaban por interés. Porque la lealtad de los demás solo puede medirse por cómo lo hará cada uno cuando ellos necesiten la suya.

La deslealtad o traición, apoyada en la muy cuestionable Leyenda Negra, aparte de indicar una anomalía mental y/o moral, expresa dos lamentables vertientes: De un lado, la evidente ignorancia y ausencia de preparación intelectual suficiente para opinar con un mínimo de objetividad y entidad aceptable. Y por otra parte, demasiado resentimiento por haber perdido una final en la que el resultado ya es inamovible y, en lugar de aprovechar la lección para preparar el siguiente partido y no repetir los errores de entonces, nos ensañamos en resucitar memorias históricas con espíritu de represalia, en lugar de mirar hacia el futuro, apoyados en un presente con todo a favor, y preservar con respeto el recuerdo de nuestros ancestros y el reconocimiento de los valores por ellos legados a generaciones venideras.

Conviene corregir actitudes patógenas, antiespañolas, sin más argumento que un ataque indiscriminado contra todo lo que suponga patria, a partir de un adoctrinamiento gestado desde varias cunas, con efectos irreversibles de fundamentalismo radical en los más pusilánimes.

Tampoco es creíble, en la misma onda, la brutal y creciente virulencia que se está desarrollando en manifestaciones antitaurinas. Parece otra sospechosa  maniobra encaminada a intentar la destrucción de todo lo genuino bajo el epígrafe de España. Pero este es un debate tan baldío como el otro.

No se puede ni se debe influir en conciencias ajenas ni evangelizar a quien no piensa lo mismo que nosotros, pues la tolerancia tiene una sola dirección pero con doble sentido de ida y vuelta. Pues si yo debo ser tolerante con los demás, quizá necesite también ser tolerado por otros.

Pero aquí se trata de intentar pulir actitudes y comportamientos desviados que agravien el buen nombre de esta gran nación que es, debe ser, patria de todos, (a pesar de tan nocivos políticos).

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

Un comentario
  1. En España todas las banderas son respetables menos la española. Políticos de ambos bandos se han apoderado de ella para convertirla en un pedazo de carne putrefacta de esa herida rancia que no cicatriza. Heredamos la necesidad de honrar a los muertos pero perdemos toda heroicidad cuando se trata de honrar a los vivos. A estas alturas del cuento, me preocupa más la memoria a corto plazo que la de un pasado tan manido y decrépito como sus verdaderos protagonistas.

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