Celda 211

Celda 211Daniel Monzón. Daniel Monzón. Daniel Monzón. El que no se haya grabado aún el nombre de este director que lo haga. No sé si por razones de economía neuronal siempre aparecen los mismos nombres de directores españoles en boca del espectador: Amenábar, Almodóvar, Trueba. Añadamos Monzón, por favor.

Celda 211 es su cuarta película como director y su quinta película como guionista. Y ha demostrado, viendo su carrera en perspectiva, un enorme amor por el cine. Yo diría que se trata más que de un amor de autor, un amor de espectador. El que siente el tipo al que le encanta disfrutar de las películas, dejarse llevar por la atmósfera, por la trama, por la acción. Podríamos establecer una diferencia lingüística para entendernos, el autor sería aquel que consciente o inconscientemente persigue tener un sello, una marca al agua en cada uno de los fotogramas de los filmes que realiza. En esos cineastas se reconoce un estilo, una forma de hacer característica que, de hacerlo bien, consiguen tener una cohorte de seguidores que esperan con ansiedad su próxima película. Un autor es Almodóvar, Truffaut, Godard, Bergman, Tarkovsky, Kitano o Tarantino. Uno sabe lo que esperar cuando acude a una cinta de alguno de estos, por citar sólo los que me vienen más rápidamente a la cabeza.

Pero Daniel Monzón es otra cosa. Es un espectador que hace cine. Parece no importarle dejar su impronta, su sello. Se dedica a cada película de una forma única, queriendo a cada hijo por lo que es y dándole a cada cual lo que necesita. Las películas, como los hijos, requieren su atención particular y diferenciada. Y digo esto porque si han visto la filmografía de este señor se habrán dado cuenta de que cada una de sus películas no tiene nada que ver con el resto. Cambia el género, cambia el tono, cambia la atmósfera. Y es por eso que creo que este director no es un autor. Es un espectador que sabe muchísimo de cine.

Creo además que lo que hace grande a un cineasta, igual que a un escritor, un músico o un pintor es que alguna vez falle. Aunque pueda resultar paradójico, el fallo les hace más grandes. No sé si al que esto lea le sucederá como a mí, que cuando veo a determinadas mujeres que son increíblemente perfectas me producen menos deseo que aquellas hermosas mujeres que, por decirlo de algún modo, hay algo que rompe la armonía del conjunto. Quizás tengan la nariz un poco grande o quizás tengan un leve estrabismo o quizás su culo sea un poco gordo para caminar por la Cibeles. Dios mío, esas mujeres son auténticas diosas. Y eso es lo que le sucede a la carrera de Monzón, no es una carrera perfecta, tiene películas mejores que otras, alguna de ellas tiene el culo un poco grande pero a ellas se ha dedicado en cuerpo y alma.

Yo no creo que exista un sólo artista con una carrera perfecta. Aunque tampoco creo que exista la película perfecta. Prefiero hablar de películas honestas, alejadas de la pretenciosidad, dignas en el tratamiento de sus temas, manipuladoras sólo de la ficción y no del que ve la ficción.

Celda 211 es una muy buena película. Por supuesto no es perfecta, no es una obra maestra pero el dominio del ritmo, su magnífica estructura a la que no se le ven las costuras, su honestidad para no caer en la moralina ni en la sobreinformación hacen de ella una película que se disfruta de principio a fin, que te agarra con fuerza de la mano para no soltarte ni un solo segundo. Una película cojonuda con el culo un poco grande. Yo la pasearía orgulloso por la Cibeles…

 

Alberto García

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