‘Captain Fantastic’

Captain Fantastic

Captain Fantastic

Ser antisistema puede convertirte en todo lo que criticas

Los extremos acaban tocándose. Ése es el mensaje principal de la fábula de estereotipos con la que Captain Fantastic pretende hacer una reflexión sobre un mundo en el que probablemente ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos.

En el espacio creado por Ben (Viggo Mortensen) y su familia todo parece alcanzar la perfección. Los niños no van a la escuela pero con leer un libro saben todo sobre la Teoría de Cuerdas, las Historia del Comunismo o la Carta de Derechos de Estados Unidos. Fuera de ese idílico lugar en el que todos los esfuerzos se ver recompensados sólo hay locura, injusticia, obesidad y capitalismo. Una visión demasiado simplista de la realidad.

Todos quisiéramos ser un poco como ‘Captain Fantastic’

Un poco. He dicho sólo un poco. A todos nos gustaría vivir sin normas, en el bosque. En un bosque bonito donde no hace ni tanto ni frío ni tanto calor como para estar incómodos. Ni nos pican los mosquitos, ni se acumula la porquería en las letrinas y por las noches leemos y cantamos alrededor de una hoguera. El bosque en el que todos los días aprendemos algo nuevo y nos sentimos realizados porque estamos sanos, estamos vivos y somos libres.

Ése es el lugar de ensueño que un día Ben y su esposa crean para su numerosa familia. Un grupo de niños digno de varios Premios Nobel y medallas olímpicas en más de una disciplina. Ellos han aprendido cosas útiles para la vida y la supervivencia: cazar, hacer un fuego, escalar una montaña, tejer un jersey. Ellos además saben por qué la sociedad está pudriéndose en el capitalismo y por que es víctima de necesidades inventadas que sólo nos hacen cada vez más infelices.

Por eso, en cierto modo, tú también desearás ser un poco así. Desearás tener ese pedazo de su existencia que es tan idílico. No hay nada más reconfortante que alcanzar un sueño, una meta. Pero no te dejes seducir tan pronto por las historias que parecen tan perfectas.

El paraíso no siempre es lo que parece

Para sacarle el jugo a esta película hay que liberarse de muchos prejuicios. Al fin y al cabo ése es el mensaje. Desde luego la vida que Ben ha creado para su familia tal vez persigue un fin loable pero no es mucho mejor que la del resto de los mortales. El protagonista de esta historia, a pesar de hablar siempre con claridad, es tan orgulloso como el resto de los mortales.

El mundo que Ben concibe es por obligación el mejor de los mundos. En lugar de plantearle a sus hijos todas las opciones existentes, él le plantea las opciones y la solución. No hay en este estilo de vida una verdadera capacidad de decisión: las cosas se hacen tal y como decide un líder, cada día, según lo estipulado, en el orden estipulado.

Ben habla de injusticia, de lucha de clases, de religiones… Y lo hace desde su recóndito lugar en el bosque desde el que no va a cambiar absolutamente nada. Asegura que no se ríe de nadie excepto de los cristianos, se muestra escéptico ante las religiones pero defiende el budismo que es más guay que el resto. Si su discurso te convence es que estás falto de un líder y si te pone un poco de los nervios es que afortunadamente aún te queda algo de espíritu crítico.

Hay muchos motivos por los que ver Captain Fantastic. Una película que podría haberse aprovechado para hacer que todos nos sintiéramos un poquito más incómodos y que de alguna manera se ha quedado sólo en lo anecdótico. Pero no hay motivo para convertirla en una moraleja moderna porque pierde sentido en su artificiosidad.

Celina Ranz Santana

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