‘Café Society’

Café Society

Café Society

La melancólica mirada de los amores imposibles

Parece que cuando Woody Allen habla de amor siempre cuenta lo mismo. Que conste que no es una crítica negativa, sino todo lo contrario. Es su estilo. Es como si encontraras una receta perfecta para hacer galletas de chocolate y todo el mundo te dijera “¡Qué buenas están tus galletas!”. Sabes que tienes el éxito asegurado. Puedes modificar las proporciones y cambiar algunos ingredientes, pero la base para triunfar ya la tienes. Eso es lo que sucede con Café Society.

No vas a salir de la sala del cine tirándote de los pelos ni con el corazón bombeándote a mil por hora. Ni siquiera en el transcurso de la película y a pesar de los giros de guión habrá motivos suficientes como para que te revuelvas de angustia en tu butaca. Ésta es una historia sencilla que fluye sin necesidad de forzar la tragedia porque el drama de lo cotidiano es un motor más que potente para impulsar su argumento.

Lo que se ve y lo que no se ve en ‘Café Society

Las banalidades del mundo de las estrellas del Hollywood de los años 30 quedan eclipsadas por lo sentimientos sin colorantes de Bobby Dorfman (Jesse Eisenberg: Ahora me ves, A Roma con Amor) y Vonnie (Kristen Stewart, saga Crepúsculo). Él acaba de llegar de Nueva York con la ilusión de para iniciar una carrera en la industria del cine con ayuda de su tío Phil, un famoso productor (Steve Carrel: La gran apuesta, Foxcathcher).

Los tres personajes se verán involucrados en un triángulo amoroso de difícil solución. Decidir es un punto de inflexión, pero olvidar es tal vez una tarea imposible para dos almas condenadas para siempre a la melancolía. Café Society nos presenta a dos personajes protagonistas que no son ni buenos ni malos. Hablar de traición o de infidelidad sería demasiado injusto porque parecen amarse entre sí con la misma transparencia con la que aman a las parejas que han elegido. Pero llevan en la mirada esa nostalgia de lo que pudo haber sido y probablemente esa ilusión es aún más dolorosa que lo que ya nunca será.

Celina Ranz Santana

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