Bram Stoker, escritor entre tinieblas

Bram Stoker“Para caminar conmigo debes morir en tu respirante vida y renacer en la mía” – Drácula

La noche fue siempre la gran aliada de este escritor irlandés que supo arrancar de entre las sombras una de las historias de terror condenada a convertirse en un clásico del género.

Bram Stoker escribía de noche, rodeado de la misma oscuridad que quería transmitir a sus textos y, aunque mundialmente pasaría a la historia como el autor de Drácula, hay muchos otros textos en su carrera como novelista y relatista que ratifican su facilidad para el género del terror.

Tal vez su pasión por contagiar el miedo le viniera a Stoker de algunas de aquellas tardes en las que tuvo que quedarse en cama, aquejado por enfermedades de diversa índole que le obligaron a guardar reposo durante prácticamente los siete primeros años de su vida. Fue su madre, la feminista Charlotte Mathilda Blake Thornley, la que sin duda le contagió su pasión por los relatos, especialmente los que tenían que ver con fantasmas, que ya por aquella época eran los más demandados por el pequeño y enfermizo Abraham -Bram- Stoker.

Su enfermedad no le impidió recibir una formación académica completa, primero gracias a la ayuda de un profesor particular y luego a través de su ingreso en el Trinity College, donde se graduó en matemáticas y ciencias.

Pero como había nacido para ser escritor, Stoker no tardó en encontrar su hueco en los ambientes literarios y, tan pronto como pudo, empezó a publicar sus relatos de misterio en la revista Shamrock.

Una parte importante de su vida personal y profesional estaría ligada a la crítica teatral, un trabajo que le permitió abandonar Irlanda y recorrer en compañía del actor Henry Irving. Pero si el caprichoso Irving le dio la oportunidad de ver mundo, también es cierto que arrastró al escritor a lo más oscuro de algunas capitales europeas, donde contraería la sífilis que presuntamente acabaría con su vida a los 64 años de edad.

Afortunadamente, para entonces Stoker ya había recorrido mucho mundo y había tenido tiempo de escribir, publicar y darse a conocer. Así que, a pesar de que Irving había fallecido sin dejarle absolutamente nada de su enorme patrimonio, Stoker se las supo resolver sin problemas. Se casó con una antigua novia de Oscar Wilde con la que tuvo un hijo y continuó dedicándose a la literatura.

Al parecer, durante mucho tiempo formó parte de una especie de sociedad secreta llamada ‘Golden Dawn’ en la que se trataban temas de esoterismo, espíritus y otros aspectos relacionados con el ocultismo. Hasta tal punto llegó su obsesión por estos temas que en algunas biografías del autor se hace constar que, ya en su lecho de muerte, el agonizante Stroker no dejaba de pronunciar la palabra ‘strigoi’, un término rumano que se traduce como espíritu.

 

 

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