Bochorno: ‘viento del este’

Carlos Castañosa

… También significa ‘vergüenza’ o ‘sonrojo’.

En la Escuela de Vuelo a Vela de Monflorite, se le conocía bien. Era el aire cálido que, de vez en cuando, se oponía al Cierzo habitual para poner a prueba la pericia y conocimiento de los volovelistas. El viento del noroeste lo hacía fácil. Paseaba por las cercanías burbujas térmicas procedentes de Navarra e incidía en ascenso sobre las laderas orográficas para facilitar el vuelo de aves y pilotos que habían descubierto el privilegio de, eventualmente, convertirse en pájaro, contemplar la tierra desde lo alto y sentir por dentro el placer sublime de un silencio al que le habían crecido alas.

Hoy ya no sirven para nada, pero los mismos vientos siguen soplando en aquel entorno geográfico donde se asentó, desde los albores de la Aviación, la primera Escuela de aviadores en España. Casi un siglo de historia y gloriosos episodios recogidos en hemerotecas y en estudios especializados. Una trayectoria que terminó, segada de raíz, hace una década, cuando se decidió que allí se borrara cualquier atisbo histórico para construir un aeropuerto comercial.

La iniciativa especulativa no tenía viabilidad alguna ni posibilidades de éxito. Tras la “quema de libros”, la consecuencia no podía ser otra que la de un fracaso anunciado, pues el proyecto aeroportuario nació muerto tras haber matado, con premeditación, alevosía y ensañamiento, un valioso patrimonio que careció en su día de la protección debida,  por  la pasividad de las autoridades, con la resignación de la población  y desde los intereses espurios de quienes especularon en beneficio propio, en connivencia con el Poder y en la más flagrante impunidad para sus corrompidas decisiones.

Cierzo y Bochorno siguen siendo nombres propios de vientos actuales y reminiscencias del pasado. Pero el significado de “aire cálido del este”, su pegajosa humedad y los efluvios de las granjas ganaderas que hallaba  a su paso, ha dejado espacio en exclusiva al concepto de “vergüenza” sin paliativos.

Titular de una noticia de actualidad en la prensa especializada: “AENA cobró 2.849 € por ceder el aeropuerto de Huesca para pruebas de velocidad de coches”.

Comentario: ¡Operación magnífica! Magistral gestión económica, social, cultural  y motivo de orgullo para quienes soñaron, hace una década, desde la ingenuidad de los ciudadanos de bien, con un aeropuerto comercial que consolidaría su rango capitalino  en la división de honor, sin sospechar entonces que el engaño los abocaría a la  2ªB. Mayor sensación actual de ridículo sería  impensable.

Con unas cuantas carreras de coches en fin de semana, a 2.849 €, se amortizaría el despilfarro especulativo en un par de siglos. ¿No podrían utilizarse también las instalaciones para montar un mercadillo semanal en las pistas, o alquilarlas como recinto ferial, para carpas de circo, u organizar un encierro sanferminero  durante las fiestas patronales?

Todo fuera para, al menos, pagar los sueldos, “gasto público”, de los directivos apoltronados en Monflorite “sin nada que hacer” en un aeropuerto inoperativo desde su inauguración.

Todo un símbolo de un país en avanzado estado de putrefacción…

No sabría dónde esconderme…

 

 

Carlos Castañosa

http://elrincondelbonzo.blogspot.com

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