‘Blancanieves la leyenda del cazador’

Blancanieves y la leyenda del cazadorLo más oscuro de los cuentos infantiles.

En esta versión del cuento de los hermanos Grimm, la princesa se transforma en guerrera para vengar la muerte de su padre y hacer justicia. Es el camino que decidió tomar Rupert Sanders en su personal adaptación de esta historia en la que abandona los tintes infantiles para vestirse de una crudeza y un oscurantismo más que atractivos.

Sanders se estrena como director de largometrajes con una película que, sin perder la línea del cuento original, elimina su parte más infantil para centrarse en lo desgarrador de una historia de venganza. El argumento, basado en una persecución trepidante por tierras desoladas por la oscuridad y que culmina en una auténtica batalla épica, está aderezado por unos efectos visuales espectaculares con los que –no solo en sentido figurado- el mito del cuento se desmonta y se recompone por piezas, solo que ocupando un lugar diferente para darle a la historia un aspecto más ‘tenebroso’. En este sentido, los contrastes tienen un papel fundamental a la hora de reforzar esa separación abismal entre el bien y el mal, y hay que reconocer que tanto la malísima madrastra Charlize TheronYoung Adult, Monster– como la valiente princesa Kristen StewardLa saga Crepúsculo– se adaptan perfectamente a lo que sus personajes exigen de ellas. Aunque, para ser justos, habría que reconocer más la labor de Theron, que no deja de sorprenderme en sus papeles de ‘mala persona’. Después de su cara de impasividad ante el mundo en Young Adult, en Blancanieves y la leyenda del cazador se planta con una expresión que supera la maldad: un personaje hermoso y cruel al mismo tiempo, capaz de transmitir todo ese veneno que lleva dentro sin que nos olvidemos de que, en el fondo, existe algo frágil, algo que puede hacerse añicos de un momento a otro, como un espejo. Por el lado de Steward, nos encontramos una cara bonita que a veces roza lo sensual y que encaja bien en el papel pero tal vez queda un poco ensombrecido por el poder de seducción del personaje de la madrastra.

Como en todos los cuentos, Sanders no ha querido olvidar la moraleja de la historia en un enfrentamiento final entre las fuerzas del bien y el mal en el que, no solo por el hecho de que ya conozcamos el cuento, el desenlace resulta bastante previsible. En esta ocasión, no es tanto una película infantil adaptada para adultos sino todo lo contrario: un cuento adulto narrado desde la crudeza de un mundo que, de no ser por los personajes fantásticos que lo plagan –entre ellos unos enanitos muy divertidos- es más real de lo que podríamos imaginar.

Celina Ranz Santana

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