‘Big Eyes’

‘Big Eyes’

Se puede vender el arte, pero no la inspiración.

Tim BurtonSombras tenebrosas, Frankenweenie– regresa a la gran pantalla con la historia real de Margaret Keane, la artista que se hizo famosa a través de las habilidades comerciales de su marido.

En base a las sinopsis que circulan por ahí de la película, podría parecer que se trata de uno de esos dramas de juzgados en el que el espectador espera que la protagonista resuelva sus conflictos a través de la vía legal. Pero Big Eyes es mucho más que eso. Es una película que habla sobre la sumisión de una mujer en una época en la que la que el hecho de ser mujer imponía barreras sociales mucho más rígidas que las que aún existen en la actualidad.

En los albores de ese movimiento feminista que permitirá a muchas mujeres acceder no solo al mercado laboral sino a los círculos sociales, artísticos e intelectuales, Margaret Keane – Amy Adams: El hombre de acero, La gran estafa americana– deslumbra con una peculiar concepción de la pintura, protagonizada por niños de ojos grandes que parecen contener en su mirada toda la tristeza del Universo.

El estilo de Margaret es diferente, genuino, personal y nace de una inspiración ‘única en intransferible’. Pero solo sabe pintar, no sabe vender cuadros. Para ello aparecerá la figura de su segundo esposo,Walter -Christoph Waltz: The Zero Theorem, Django desencadenado-, un charlatán con sorprendentes habilidades comerciales que hará famosa la obra de Margarte con un único pero: él se atribuye la autoría de los cuadros. A partir de este momento, la relación idílica entre ambos personajes se convierte en un matrimonio tóxico y destructivo, con una clara posición dominante del marido y el desasosiego de una mujer que, como en los cuentos de hadas, parece estar encerrada en su torre de marfil y condenada a pintar cuadros para él.

 

 

Celina Ranz Santana

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