Benito Pérez Galdós, la mirada histórica

Benito Pérez Galdós“El dinero lo ganan todos aquellos que con paciencia y fina observación van detrás de los que lo pierden”

La historia novelada de la España del siglo XIX lleva la firma de Benito Pérez Galdós. En los 46 tomos que componen sus Episodios nacionales, el escritor grancanario relató todo lo acontecido en el país desde 1807 hasta la Restauración a través de las peripecias de diversos personajes ficticios. Una obra documentada con el rigor de un historiador y relatada a través de la mirada de un escritor con un repertorio inagotable de personajes y sentimientos.


El 10 de mayo de 1843 nacía Benito Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canaria. Fue el décimo hijo del matrimonio conformado por María Dolores Galdós Medina y Sebastián Pérez Macías, un coronel del ejército que acostumbraba a relatarle a su hijo más pequeño historias sobre la Guerra de la Independencia. De esta manera, Pérez Galdós fue desarrollando desde muy pequeño una mirada muy particular sobre la historia y su devenir que años después le animaría a embarcarse en su gran proyecto literario: los Episodios Nacionales. Estudió en el Colegio de San Agustín, famoso por las técnicas educativas que aplicaba -muy adelantadas para la época- y posteriormente en el instituto de La Laguna, donde obtuvo el título de bachiller en Artes. Ya por entonces había hecho sus incursiones en los círculos literarios de la ciudad publicando asiduamente en la presa local artículos que bien podían ser ensayos, poesías o relatos breves. Sus inquietudes vocacionales encontraron nuevos terrenos por los que expandirse cuando en 1862 abandona por primera vez el Archipiélago para comenzar una nueva vida en Madrid.

La ciudad lo recibe con un interesante panorama social y político que lo llevan a comprometerse con ideologías de tendencia progresista y anticlerical, un perfil que muestra abiertamente en las tertulias que frecuenta y en los artículos que publica en periódicos como La Nación o El Debate. Pero además se va nutriendo de estos escenarios para situar muchas de sus novelas, por las que los personajes circulan como si realmente no se tratara de obras independientes entre sí, sino de todo un universo galdosiano.

Su magistral domino de la palabra escrita parece contradecirse con la timidez extrema de Galdós, un hombre parco en palabras, con pocas habilidades para hablar en público pero con una asombrosa capacidad de observación que aplicaría en a sus dos grandes pasiones: la literatura y la pintura.

Con 24 años fue enviado como corresponsal a la Exposición Universal de París, donde se sumerge en la literatura francesa hasta tal punto que, a su regreso a Madrid abandonará la carrera para dedicarse a la traducción de algunas obras. El clima político en la capital se tambalea tras la muerte de Isabel II y la denominada “Revolución de 1868”. Deseando conocer de primera mano lo que estaba sucediendo, abandonará en Alicante el barco que lo llevaba desde Francia hasta Canarias par ir a Madrid y ser testigo de la entrada del general Serrano y de Prim. En esta época comenzaría la redacción de su primera novela, La Fontana de Oro, que ya se sumerge en la condición ideológica de la nueva España.

Las ideas galdosianas, muy comprometidas con la época, evolucionarán de acuerdo a los tiempos que le toca vivir, manteniendo la distancia necesaria para ser objetivo en los hechos que relata y subjetivo en las inolvidables historias de sus personajes, ambientadas en esa realidad convulsa. Así, el optimismo galdosiano se irá tornando en desasosiego, pero no abandonaría nunca sus ideales, hasta el punto de que probablemente fue su izquierdismo el que hizo que no se le concediera el Premio Nobel de Literatura. En 1907 se incorporó activamente a la vida política como jefe titular de la «conjunción republicano-socialista» junto a Pablo Iglesias y en lo literario, se dedicó sobre todo al teatro, recorriendo toda España en tren para conocer nuevos paisajes en los que ambientar sus obras.

La vida del gran novelista español de siglo XIX y la profunda mirada histórica –a pesar de la ceguera de los últimos años- de un escritor prolífico y comprometido se apagaron el 4 de enero de 1920.

 

 

 

 

 

 

{backbutton}

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.