‘Beginners’, todo es aprendizaje

Cartel de la película Beginners (Principiantes)Ni la edad ni la experiencia son factores determinantes en el crecimiento personal de los protagonistas de esta película. En los momentos clave de la existencia siempre se es un principiante, y vivir no es más que seguir ‘a ver qué pasa’.

Mike Mills (Haciendo dedo), se aventura en la dirección de un nuevo proyecto cinematográfico para hablar de la inexperiencia emocional y de lo complicado que resulta ser consecuente con lo que uno siente en cada etapa de su vida.

Beginners (principiantes) tiene tres protagonistas que se enfrentan -cada uno desde la particularidad de su experiencia- al dilema de ser como siempre han querido ser. Sin embargo, y después de una larga espera hasta encontrar el momento idóneo para hacerlo, no les resultará tan sencillo dejarse llevar ‘a ver qué pasa’, una frase en la que se resume la simplicidad de muchas de las decisiones que deben tomar.

Paradójicamente, el único convencido de lo que tiene que hacer es Hal -Cristopher Plummer-, un anciano de casi 80 años que, tras el fallecimiento de su esposa confiesa ser gay y se decide a disfrutar plenamente de su homosexualidad. Hal es todo un ejemplo para su hijo Oliver -Ewan McGregor-, que ve en éste la esperanza de cambiarlo todo para ser feliz pero que, al mismo tiempo, vive aterrado ante la idea de las relaciones estables porque tiene como referente el matrimonio de sus padres: más de cuatro décadas de vida en común en la que ambos renunciaron a ser lo que hubieran deseado ser. Y Anne -Mélanie Laurent- es una joven actriz que ya es lo que quiere ser pero que no tiene demasiado claro si querrá ser siempre esa misma persona.

Los tres tienen algo en común: se presentan como las personas que no son y se van quitando el disfraz durante toda la película. Una transformación tragicómica y sutil que genera empatía y nostalgia a partes iguales.

La película está narrada a través de saltos temporales que irán trazando paralelismos entre los avances de Hal, el estancamiento de Oliver y las inseguridades de Anna. Entre los tres serán capaces de trazar un mapa de algo que se parece a la felicidad pero que, como transcurre sobre el terreno poco firme de las emociones, nunca les permitirá avanzar sobre seguro. Por eso, cuando salen de una encrucijada para meterse en otra, vuelven a ser principiantes, como si el camino que han de seguir no fuera más que la sucesión de pequeños comienzos en los que la única forma de aprender es dejarse llevar.

Celina Ranz Santana

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